Mi abuelo XX y mi abuela XX

Captura de pantalla 2016-06-21 a las 5.50.21 p.m.

El otro día desperté con la curiosidad por saber quiénes fueron mis abuelos maternos. Fue algo así como cuando uno se despierta con ganas de seguir durmiendo, nada que se pueda tomar demasiado en serio.

No conozco ni siquiera sus nombres, desconozco los gustos que tuvieron, sus conductas y costumbres. No sé si fueron buenos con mi madre, estrictos o malos padres. La historia oficial —porque todo lo que los mayores le dicen a uno cuando se es chico es oficial—, dice que murieron cuando mi madre era muy pequeña, tanto que ni ella tiene mucha memoria de ellos. Por lo que a mí respecta ellos pudieron haber abandonado a todos sus hijos en un acto de egoísmo puro o mi madre pudo haber sido adoptada. Mentir dejando una generación de por medio siempre es más fácil.

¿Cuántas personas a esta altura recordará los nombres de mis abuelos? ¿Hasta dónde llegaron a impactar las vidas de otros? Yo tengo la sospecha que no fueron muy buenas personas, porque hay que tener muy mala suerte para que tus dos “buenos” padres salgan de tu vida cuando solo tienes cinco años.

¿Qué diferencia hace que tenga esa imagen, así sea equivocada, de ellos? ¿Tienen sus vidas, acaso, menos significado porque yo tenga un concepto equivocado?

Después de todo la historia no es lo que se dice, se escribe, se recuerda o se imagina. La historia es lo que pasó, y es más importante, para cada quien, lo que en ella aconteció.

Captura de pantalla 2016-06-21 a las 6.42.04 p.m.De tal que encuentre difícil pensar que una vida (muerte) con significado es aquella que se dedica a hacer grandes cosas, porque esta idea es, sin más, desesperanzadora. Si las grandes cosas de cada quien están en función de la importancia que le damos a pequeñas cosas, entonces todas las vidas (exceptuando las que atraviesan penurias extremas) tienen trascendencia, ergo, no hay que ir en pos de nada.

La vida tiene un fundamento muy importante en la percepción, si lo que percibimos de la propia nos place, debemos concluir, a fuerza, que nuestra vida trasciende. Si nuestra vida trasciende es porque ella, de acuerdo a lo que concebimos como una buena vida, está acorde a nuestros conceptos y tenemos dos opciones, ambas totalmente válidas: o nos conformamos con los conceptos que ya tenemos, cosa de ser condescendientes con nosotros mismos, o vamos en pos de agrandar la calidad y cantidad de tales conceptos.

A más y más demandantes conceptos, más incómoda se torna la inacción y el conformismo.

De ahí el éxito, por ejemplo, de las religiones, pues si bien a muchas de ellas no se las puede acusar de inactividad —conozco gente que día y noche se mueven, hacen y trabajan por la causa que defienden (yo mismo fui uno de ellos)—, sus conceptos son prácticos, sencillos y son pocos —Dios dirige a través de un hombre, el castigo es el infierno y el premio el cielo, sin adentrarse en pormenores—. La mucha acción con tales ideas hace sentir que uno está trascendiendo de forma considerable, lo que para otros de nosotros es un desperdicio de tiempo y de cualquier clase de recurso. Mentes brillantes se han perdido en la butaca de una iglesia y a la voz de un cura o un pastor. Mentes brillantes se desperdician a la sombra del conformismo de conceptos.

Dudo con firmeza que el valor de la vida sea dado por sentir que trascenderemos más allá de la muerte, aunque hace un buen trabajo simulándolo. Sostengo, por el contrario, que es la coherencia entre la acción y lo que se cree lo que da la sensación de que nuestra vida, si bien no tiene un propósito como tal, está siendo aprovechada.

No me sirve ser recordado cuando ya no esté, me sirve el placer, la satisfacción y la sensación de hoy, y mejor si es la de hoy en pos de un mañana del que preferentemente seré testigo.

Posiblemente prefiera pensar que mis abuelos maternos no fueron buenas personas porque el resto de personas guarda una férrea tendencia a recordar a la gente que se fue, como buena. Y no me queda otra que concluir que si mis nietos o bisnietos llegasen a tenerme como alguien “malo”, para entonces será intrascendente.

Saludos

PS. Hace mucho que no sé de mi madre y no tengo intención de que me arruine el mal concepto que tengo de mis abuelos, porque me encapriché con esa idea.

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