También opino sobre Masonería

Masoneria

Mis primeros cheques de sueldo venían acompañados de un elegante voucher y carente de la sensación de pertenencia que yo supuse habrían de tener.

Tuve mi primer trabajo oficial en el mismo lugar que realicé mis prácticas y como era menor de edad los cheques tuvieron que salir a nombre de otra persona. Pasados unos meses y conforme se acercaba el momento de recibir el primer cheque con mi nombre escrito, la emoción y el estrés iban en aumento. La emoción porque finalmente sería considerado como un adulto, aunque era consciente de que los adultos, los de verdad, se burlan de los que recién empiezan a serlo, y porque iba a ser dueño de mi primera chequera –Ser adulto es una cosa, pero iniciar esa relación de amor/odio con una entidad financiera te pone en otro nivel–. El estrés se debía a que la firma que hasta entonces había practicado parecía la de un patojo que hubiese inventado una, un par de horas antes. ¡Horrible! ¡Carente de personalidad!

En aquel entonces ostentaba el merecido título de “Cristiano Rematado” y valga decir que lo hacía con orgullo. Inconsciente de lo trascendental de la firma, no comprendía que es algo que te ha de acompañar por el resto de tus días y si en algún momento llegas a ser famoso, tendrá que ser expuesta al escrutinio público. Por eso decidí, con mal tino, incorporar dentro de ella letras y símbolos que dieran cuenta de mi exagerado fanatismo. Así una J y una cruz, por mencionar solo algo, terminaron por hacerse notar entre mis garabatos.

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De un tiempo a acá un par de personas me han estado comentando e invitando a adentrarme en el mundo de la masonería. Yo, que bastante curado quedé de todo aquello que represente anteponer la fe a la razón, no le encuentro un camino accesible.

La masonería, concluyo, hace uso de tres cosas que atraen mucho al ser humano, precisamente para ganar adeptos.

Una de ellas es la atracción por todo lo oculto, que, más allá de ser acusados de prácticas ocultistas que suponen cosas como la adoración a Satanás o la creación de conspiraciones para dominar la forma en que el mundo ha de funcionar, promueve el dar pasos hacia el conocimiento a cambio de ir rindiendo la voluntad. La estratagema es sencilla: es normal que nos sea atractivo todo aquello que no conocemos, pero como desconocemos que exista, es la posibilidad de conocer de la que nos enamoramos.

La segunda es nuestra necesidad de sentirnos especiales, y todos nos sentimos especiales si somos los elegidos, da igual que sea para jugar un partido de fútbol en la cuadra o para pertenecer a algún tipo de secretismo organizado, la diferencia no es mucha. Ser elegido te pone en un nivel superior a muchos otros. Y toda persona, desde que realiza el primer ritual para entrar a la masonería, es presentada, lo cual significa que desde el inicio fue escogida, no llegó por cuenta propia.

La tercera es las muchas coincidencias que se utilizan como pruebas de la constante intervención de los masones a lo largo de la historia.

Contra los dos primeros puntos es muy fácil argumentar. Cualquier práctica que tenga como requisito el uso de la fe utiliza el conocimiento, así sea de cosas erradas, para dar algo que comer a sus adeptos. Y tal conocimiento, al ser poseído por una persona la hace sentir que pertenece a algo y que fue escogida para ello, tanto porque tuvo acceso a esa información como porque “la entendió”.

Asuntos circunstanciales como el hecho de que la mayoría de masones sean exitosos o que ellos estén constantemente entrometidos en asuntos importantes de política se explica de manera sencilla: una de las consignas de los masones es ayudarse entre hermanos. Si un masón tiene que hacer negocios y busca a alguien que le provea materiales y resulta que hay otro masón que puede hacerlo, por “obligación” o por “moral” tendría que acudir a ella, cosa de ayudarla, con lo que el negocio del segundo se ve beneficiado al ser descartadas posibilidades que estén fuera de la hermandad. Quizá no siempre pasa pero es muy probable que los creyentes de hueso colorado decidan portarse lo mejor que puedan con los suyos, después de todo ser bueno es parte esencial de ser masón.

También pasa que si son exitosos seguramente tienen capital, si tienen capital seguramente apoyarán causas políticas, y al político que quiere hacer carrera le es muy conveniente jugar con masones o jugar a los masones, con ambas posibilidades ha de funcionar.

La probabilidad de que un masón sea una persona que alcance cierto renombre es importante. Después de todo hablamos de personas que pasan pruebas intelectuales y que son movidas por el deseo de conocer, algo que nos viene faltando mucho a la humanidad. Pasa que personas con intereses y gustos comunes, se juntan y de ahí que se obtengan buenos resultados.

Se dice que Bolívar fue masón y los masones lo sostienen con orgullo. No hay evidencia de que lo fuera, de lo que hay evidencia es de que asistía a una logia que tenía la misma característica que la masona. Pero nunca queda mal tener a Bolívar en el equipo de uno. Esto pasa mucho con diferentes figuras famosas –en especial con aquellos que no pueden desmentirlo– porque siempre es mejor formar equipo (ser hermano) de gente famosa.

En la arquitectura no se dejan cosas al azar. Todo mantiene simetría y equilibrio. Y, seguramente pueden trazarse infinidad de figuras geométricas, incluyendo cuadrados, y por tanto triángulos y ángulos de noventa grados (los que se forman con la escuadra y el compás), por infinidad de mapas de distintos lugares. Sorprenderse por las “coincidencias” arquitectónicas de fundadores de patrias o de personas que hicieron historia no tiene mucho sentido.

Tampoco tiene sentido maravillarse por el ojo que aparece en un billete o el búho usado en tal o cual monumento. Si yo hubiese estado envuelto en el mundo de la masonería seguramente no hubiera querido incluir una J y una cruz en mi firma, sino que hubiera diseñado un par de ángulos de noventa grados que simbolizaran la pirámide, el compás, la escuadra o algo que tuviera que ver con el arquitecto del universo. Y, en efecto, lo mismo hicieron ellos, lo mismo hacen y lo mismo seguirán haciendo.

Los 33 orientales fueron una casualidad o la intencionalidad de un masón que sabía (todos lo saben) que 33 es el grado máximo en la masonería. Solo eso.

Que el dios cristiano no permitiera antes la inclusión de la mujer en funciones pastorales y ahora sí, y que el arquitecto del mundo no permitiera mujeres en la masonería pero ahora sí, da cuenta clara de que a todos estos creadores los inventamos nosotros… Eso o que el creador cambió de opinión y es el mismo con distintos nombres… O que todos los dioses se pusieron de acuerdo. ¡Qué entrevero!

Si, como muchos aseguran, la gran mayoría de presidentes de México han sido masones y el vox pópuli asegura que todos los presidentes de aquel país han sido corruptos, no cabe duda que hay algo que no funciona bien en la masonería y tampoco cabe duda que yo tengo la dicha de no haber dejado evidencia de masonería ni de mi cristiandad en mi firma–porque la cambié a tiempo–, y la dicha de contar con la posibilidad de llegar a ser una buena persona, de llegar a ser un hambriento de conocimiento, de llegar a estar dispuesto a ayudar y de llegar a alcanzar éxito, intacta. Y lo que es mejor, todo ello sin necesidad de seguirle el rollo a nada ni a nadie, por muy solemne que se vea.

Saludos

PS. Según un documental de NatGeo se cuentan por decenas de miles los masones, por tanto no es de extrañar que conozcas a alguno, ni que anden por doquier, incluyendo momentos, lugares y eventos claves de la historia.

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