A qué me refiero cuando hablo de tontería

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Cuando te subes por primera vez a un avión, aparte del poco o mucho nerviosismo característico de vivir la nueva experiencia, pasa, irremediablemente, que procuras prestar atención a todo cuanto te dicen. Dudas si estás en tu asiento asignado, procuras no molestar a nadie o hacerlo lo menos posible y prestas rigurosa atención a las instrucciones de las medidas de seguridad que aeromozas o, cada vez más seguido, aeromozos te dan, acompañados del video respectivo, y buscas la salida del avión más cercana a tu lugar por si se presenta alguna emergencia, como te indicaron que hicieras. Conforme pasan los vuelos que tomas, tal atención se va perdiendo. Yo, por ejemplo, que no he volado tanto, ahora entro con audífonos escuchando música, coloco mi maleta en su sitio, tomo un libro y me pongo a leer mientras todos se acomodan, al menos hasta que el sueño me gane, cuando me gana. Tal serenidad permite ser más observador, ya no de las instrucciones y de lo que el vuelo como tal representa, sino de la gente, sus modos, sus prisas, sus gestos –a veces de temor–, y de sus acciones: reclamos porque no hay sitio para la maleta, equivocaciones en los asientos asignados, gente que se pone a leer, los que no sueltan el celular y las redes sociales, los que sacan su Laptop o Tablet para hacer los últimos ajustes al informe que han de presentar, los que utilizan algún dispositivo para jugar o aquellos que llevan su libro cargado de Sudokus, para verse intelectuales, porque los crucigramas ya pasaron de moda.

Por cultura general casi todos sabemos que el momento de más riesgo en un vuelo es el aterrizaje. El capitán –hay de aquel que se refiera e él de otra forma– avisa con bastante tiempo de anticipación que comienza el descenso, pide que se abroche el cinturón de seguridad y solicita a todos que se apague cualquier dispositivo electrónico y en el caso de celulares, que se apaguen o se active el Modo Avión de los mismos. Acá, inevitablemente, no puedo evitar sonreír por las tonteras que muchas veces nos caracteriza a los seres humanos.

El argumento más popular es que las señales de dispositivos como las Laptos, Tablets y principalmente celulares pueden interferir con los instrumentos de navegación y causar un desastre. Considerando que al área de pasajeros del avión no te dejan subir ni un cortaúñas o una pinza, y que te quitan hasta los zapatos para garantizar que no cueles nada, es difícil creer que la seguridad de, por ejemplo un Boing 727 con 180 pasajeros y 7 tripulantes, dependa de que todos y cada uno de ellos acaten la instrucción sin que nadie supervise su cumplimiento. Luego en la conferencia de prensa dirían algo tipo: “La caja negra arrojó que el pasajero del 22C no activó el Modo Avión en su celular y nuestra línea aérea lamenta el triste deceso de las 180 personas que confiaron en nosotros como transporte y el de nuestros 7 trabajadores que no hicieron cumplir la norma”.

Por otro lado, nunca falta, porque me dedico a buscarlo, quien en un acto de rebeldía suicida, decide que lo que está haciendo en su celular es más importante que cualquier instrucción o medida de seguridad que el capitán sugiera. La foto, el sudoku o contemplar el indicador de WiFi y señal telefónica sin recepción alguna, supongo, vale el riesgo. O acaso es que son amantes de la adrenalina y siempre será más exquisito un aterrizaje en artera desobediencia.

Yo por mi parte no entiendo ni a unos ni a otros. A unos por absurdos, a otros por necios. A unos por extremistas, a otros por despreocupados. A unos por solo aparentar ser responsables, a otros por creerse los dueños del mundo.

Y es a eso a lo que me refiero cuando hablo de tontería: a esos sinsentidos que hacemos o no hacemos, por puro capricho y nada más. Cada que la justificación de una acción es un “porque sí”.

Saludos

PS. En el último vuelo que hice de Guatemala a Costa Rica se les pasó en mi maleta de mano una navaja Victorinox y el avión tampoco se cayó. Luego tuve que tirarla en el aeropuerto de Costa Rica, porque ellos sí la notaron y yo no recordaba que la llevaba.

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