Seamos egoístas

Charco

Los charcos en el pavimento que quedaron como vestigios de la lluvia que acompañó las horas de la tarde, reflejan la escasa luz que recibe de una tímida luna que apenas se deja ver y de unos faroles viejos que la municipalidad mantiene olvidados. Manuel, contento, conversa con varios en una esquina de aquel barrio que hace tantos años les vio crecer, desentendido de su mujer y sus tres hijos que pasan el tiempo adentro de la casa y con la familia del amigo aquel a quien decidieron ir a visitar. En un santiamén un cúmulo de sonidos lo pone en alerta: escucha unos pasos presurosos, el grito de una mujer y el sonido de un motor que se va aproximando. En milésimas de segundo se da cuenta de la situación y sin pensarlo se lanza por la niña que está cruzando la calle. El tiempo es demasiado corto y sabe que no podrá cargarla, así que solo alcanza a empujarla. El esfuerzo de los frenos del auto es insuficiente y el timoneo del piloto, inútil. Manuel sale elevado varios metros y queda tendido a media calle. La niña, atormentada por los raspones y la incertidumbre, es abrazada por la madre, mientras todos corren: unos a llamar a los bomberos para que auxilien al caído, otros a llamar a su mujer y los otros a rodear el cuerpo, sin saber qué hacer.

Han pasado semanas desde aquel lamentable incidente. Manuel estuvo en coma todo ese tiempo, mientras los pocos ahorros de la familia se desvanecían, por lo cual decidieron trasladarlo a un hospital público, pero algo salió mal en el proceso y no llegó con vida. Ahora Sofía carga con el peso de la responsabilidad de su casa, con la obligación de alimentar y educar a aquellos niños  y con el peso de tener un esposo héroe, muerto.

Sofía, quien no trabajaba, se vio en la necesidad de conseguir empleo en una fábrica, pero su sueldo y las horas extras no era lo suficiente, por lo que Santiago, su hijo mayor, tuvo que dejar los estudios y dedicarse a ayudar con lo que pudiera. Solo los pequeños siguieron estudiando, pero ahora en escuela pública, tras perder la casa que estaban pagando y mudarse al cuarto de una vecindad, en una zona lejos de donde sus sueños se tejían.

Manuel desde pequeño había aprendido que era más importante pensar en los demás que en sí mismo.

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Hace algunos días leí un comentario en Facebook que me pareció harto interesante:

“Este país necesita de más personas que dejen de lado sus intereses personales y se tomen un momento para pensar en los demás.”

Esta idea, tan enraizada en nuestras culturas, no es bien aplicada, ni bien entendida.

Primero, si analizamos la ficticia historia de Manuel, podemos darnos cuenta de la mala decisión que tomó. Si bien es cierto salvó a una niña de un accidente o de una muerte, él no sabía quién era, ni cómo era su vida y, como todos, tampoco quién llegaría a ser cuando fuera grande. Su apuesta fue solamente por hacer el bien al prójimo. ¿Cuál fue el precio? Dejar solos y sin nada a su esposa y a sus hijos ¿Por qué la vida de una desconocida vale los estudios de Santiago? ¿Qué necesidad tenían de cambiar por completo sus planes y la proyección que tenían sobre sus vidas? ¿Por qué Manuel en ese momento no pensó en las personas que le son más importantes y estuvo dispuesto, no a sacrificarse él, sino a sacrificarlos a ellos a cambio de un aplauso o una nota en algún periódico? ¿Valdría la pena que nosotros, quienes somos responsables y nos preocupamos por otros, nos olvidemos de ellos en momentos fatídicos?

La historia, claro está, procura dramatizar esos momentos de desprendimiento propio y enfocarse en las consecuencias de una decisión. Quizá algunos aplaudan el honor, el valor y el heroísmo. Yo aplaudiría el coraje para poner siempre primero a los que ocupan los primeros lugares en nuestras vidas. Y esto me lleva al segundo punto.

La misma cita es usualmente interpretada como una frase que transmite bondad y que eleva la calidad moral de aquellos quienes están de acuerdo con ella, pero en realidad es una de las frases más egoístas que existe. Bien interpretada, y no a la ligera como solemos, es de gran valía.

Demandar que los demás olviden sus asuntos personales y que se fijen en lo que conviene a todos es quitarle el derecho a las personas a su individualidad, arrebatando el poder decidir lo que para ellos es más importante, obligando, de forma moral, a anteponer el derecho al bienestar de los otros. Por tanto “Yo he de ser lo que se espera de mí y no lo que yo quiero ser”.

Por el contrario, bien interpretada la idea, establece que hay que prestar atención al bienestar de los demás, en el entendido de que si los demás están mejor, es muy probable que yo esté mejor. Si la gente no tiene necesidad o no puede robar, yo podré andar tranquilo por la calle. Si los demás tienen mejores ingresos, podrán gastar dinero en los productos o servicios que yo ofrezco para sobrevivir. Y la lista de ejemplos podría continuar.

Egoísmo mal entendido: Debes ser lo que los demás esperan y poner tus cosas personales después del interés común.

Egoísmo racional: Es altamente conveniente para mí y para los míos, que todos estemos cada vez mejor.

Nos hemos cansado de escuchar la frase “La familia es la base de la sociedad” y la repetimos porque la aprendimos allá por segundo primaria, pero no es cierto. La base de la sociedad es el individuo. Si el individuo está bien, las familias lo estarán y las sociedades también. Y es por esta causa que no puedo estar de acuerdo en que hay que anteponer el bienestar de otros por sobre el de uno. Si cada uno se preocupa por sí mismo, la suma nos da como resultado una sociedad con bienestar.

Mi conclusión:

Este país necesita personas que dejen de buscar el beneficio personal a base de perjudicar a otros y que se esfuercen en usar la racionalidad para sumar, con sus actos individuales, al bienestar de todos.

Saludos

PS 1. Dar la vida a cambio de la de una niña desconocida puede ser el valor más alto para alguna persona, y eso está bien, siempre que sea una decisión racional y personal, y siempre que, en la medida de lo posible, no sea una contradicción hacia nuestra propia escala de valores.

PS 2. ¿Qué si fuera nuestra niña? No podemos ir por la vida cargando la responsabilidad del cuidado de los nuestros a los demás, ni la culpa de nuestros descuidos. Es obligación nuestra.

Un comentario en “Seamos egoístas

  1. ¡Feliz y egoísta Randsday!

    Randsday: el día de Rand.

    El 2 de febrero es el aniversario del nacimiento de Ayn Rand. En el futuro, este acontecimiento se celebrará en todo el mundo. Ahora es el momento de nombrarlo y definirlo.

    Ayn Rand, filósofa y novelista, es la creadora de Objetivismo – “una filosofía para vivir en la Tierra” — y autora de best-sellers como La Rebelión de Atlas y El Manantial.

    El significado de Randsday es egoísmo. Para celebrar Randsday, haces algo que normalmente no haces en ningún otro día de fiesta: te das un regalo a ti mismo. Randsday es para que obtengas ese objeto de lujo que anhelas pero que normalmente no compras, o para realizar esa actividad que siempre dejas para más adelante, esa actividad que te encantaría hacer y para la que nunca tienes tiempo.

    Randsday es para que recordemos que el placer es una necesidad real, una exigencia psicológica de una consciencia volitiva. Para el hombre, la motivación, la energía y el entusiasmo no son algo que podamos dar por hecho; la depresión patológica no sólo es posible, sino que está creciendo de forma alarmante en nuestra cultura, una cultura que predica el deber y la auto-denigración. La alternativa no es una diversión superficial de corto plazo, sino un placer real, profundo y auto-gratificante. En Randsday, si haces algo que normalmente considerarías “divertido” o “entretenido”, hazlo bajo una premisa diferente y con un significado más profundo: aceptando el hecho que necesitas placer, que te lo mereces, y que el propósito y la justificación de tu existencia es conseguir lo que quieres – lo que realmente quieres – con plena consciencia y dedicación.

    En El Manantial, Peter Keating llega a darse cuenta de esto:

    “Katie, yo quería casarme contigo. Era la única cosa que realmente quería. Y ese es el pecado que no puede ser perdonado: que no hice lo que quería. La sensación que tengo es tan sucia, tan inútil y monstruosa, como lo que uno siente sobre la locura, porque no tiene ningún sentido ni dignidad, es sólo dolor, y dolor en vano. . . . Katie, ¿por qué siempre nos enseñan que es fácil y malo hacer lo que queremos, y que necesitamos disciplina para refrenarnos? Es la cosa más difícil del mundo, hacer lo que queremos. Y se necesita el mayor tipo de valor. Quiero decir, lo que realmente queremos. Como el que yo quisiera casarme contigo. No el que quiera acostarme con cualquier mujer, o emborracharme, o que mi nombre aparezca en los periódicos. Esas cosas… no son ni siquiera deseos… son cosas que la gente hace para escapar de los deseos, porque es una responsabilidad tan grande, el realmente querer algo”. [páginas 599-600]

    Aprovechemos Randsday para desafiar cualquier premisa basada en el “deber”, para reafirmar el amor por tus valores, y para honrar el principio de que la alegría de vivir es un fin en sí misma.

    ¡Feliz y egoísta Randsday!

    # # #

    Por Harry Binswanger, publicado en HBL en el aniversario del nacimiento de Ayn Rand. Busto de Ayn Rand esculpido por Sandra Shaw.
    http://objetivismo.org/feliz-y-egoista-randsday/ [Esta página ya no existe, pero la tengo guardada; la puse porque me pareció interesante].

    Y aquí esta la respuesta de este mismo blog: No Al Randsday:
    https://omarvelz.wordpress.com/2012/02/08/no-al-randsday/

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