Me gusta el Mc Día Feliz pero no compro el Big Mac

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Como todos los días, se presentó con su tono altanero que intentaba disimular tras unos anteojos obscuros que no se quitaba por ninguna razón, sin importar el lugar en donde estuviera, y tras su tendencia a saludar a todos con exagerado respeto, sin importar el nivel jerárquico que cada uno poseíamos dentro de la organización. En la mano llevaba un libro y se dirigió directo y con celeridad a mi lugar. Lo extendió hacia mí y me dijo: “Este es mi álbum del mundial”. Unos días atrás, en medio de la emoción que se vivía porque estábamos por vivir la fiesta del Mundial de Francia 98, habíamos estado hablando de la colección de estampas. Yo comenté que desde el 90 hasta esa fecha no había comprado el álbum de los mundiales de futbol, por un tema de recurso monetario y no de deseo, porque siempre me han gustado. Su libro era una colección de fotografías de los jugadores por equipo, con historias, datos estadísticos y curiosos y fotografías de excelente calidad de los estadios que se usarían para el evento. No había necesidad, me dijo, de estar luchando por coleccionar algo, cuando de forma más cómoda se puede obtener lo mismo y con mejor calidad.

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Iba sobre la rambla en Montevideo de regreso al hotel, cuando vi pasar un bus del servicio de transporte público y observé que a un costado tenía publicidad del Mc Día Feliz que se celebraría en pocos días. Para cuando pasó ya no estaba allá, así que no sé si vive con la misma enjundia que se vive acá; desconozco si allá, como acá, se hace tanto tráfico por las largas colas que se forman para comprar en el autoservicio o por intentar conseguir un parqueo para poder interactuar, aunque sea con una sonrisa, con algún personaje famoso de la farándula; ignoro si los famosos de allá están obligados, como los de acá, a participar porque si no “queda muy feo el no mostrar que se tiene buen corazón”; tampoco sé si por la demanda, como pasa acá, en ese día suele comerse el peor Big Mac del año. Y no tengo idea si la gente presume, discute y se pelea por estar a favor o en contra de la actividad que McDonald’s realiza, como en Guatemala pasa. Lo que sí sé es que es una fórmula que a la cadena de comida rápida le funciona y, cuando se le ve sin prejuicios, uno tiene que admirar el poder de mercadeo y la forma de hacer negocios de estas compañías.

No voy a discutir si hay ahorro de pago de impuestos o si es una estrategia de posicionamiento de marca. Lo que admiro es cómo hacen uso de esa necesidad de los seres humanos de sentirnos útiles para algo, con tal de cumplir con una meta, cualquiera que ésta sea. McDonald’s no está pidiendo que se regale dinero para obtener como premio la satisfacción de dar, ellos están dando un producto a cambio, por lo que solo se trata de una transacción de compra y nada extraordinario hay en ello.

He leído de gente que compra aunque no le guste el Big Mac, de gente que se come hasta tres y de gente que los regala, porque “todo es por una buena causa”. La gente comparte, se siente contenta, se siente colaboradora y satisfecha con su buena acción y… tienen derecho a estarlo. Después de todo hay niños beneficiados con el programa de McDonald’s. Cierto es que existen muchas otras formas de ayudar, de lugares que aceptarán beneficencia y colaboración sin chistar, aunque no den nada a cambio, y quizá la satisfacción pueda ser mayor, pero ésta es una forma fácil de hacer que la gente se sienta útil, complacida y contenta. Y de paso ganan todos.

A los críticos más fuertes no los imagino negando un programa como ese, que les mueva tanto su marca, que los posicione en la mente y qué hablar de tanta gente, que ayuden a personas o niños necesitados y que queden como unos héroes, porque “eso es engañar a la gente”. Cualquiera que de un 20% de descuento en la mercadería que vende tendría que aceptar que su margen de ganancia puede ser reducido, al menos en un porcentaje y que juega con la gente, o le miente, para sacar un beneficio extra y no es así, las ofertas y programas son solo parte del comercio. ¿Cómo pueden criticar a McDonald`s, que es una empresa privada, por hacer mercadeo y crear actividades que les beneficien cuando ellos existen precisamente para ser rentables? La única diferencia, quizá, es que la del restaurante es una forma de comercializar admirablemente exitosa.

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Yo no compro Big Mac porque odio las colas y porque no me siento útil aportando esa cantidad de dinero, pero en cambio volví a comprar álbumes de estampas para los mundiales, ahora que, a diferencia de aquel 1998, he podido pagarlos.

Podría pensar que Panini (la empresa que comercializa los álbumes de estampas de los mundiales, entre otros) hace complicado algo que debería ser fácil, y qué juegan y le mienten a uno cuando hay estampas que salen muy poco. Podría pensar que se deberían dedicar a hacer libros y que dejaran de abusar de mi deseo de coleccionar, ese que nos es tan natural a algunos seres humanos, pero no lo hago porque realmente disfruto comprarlos.

Pensando un poco en ello llegué a la conclusión que coleccionar un álbum de estampas de jugadores de fútbol tiene que ver con formar parte de ese grupo de apasionados por el fútbol y de ese evento tan esperado que es el mundial; tiene que ver con ser parte de la diversión y euforia del momento, porque hay gente que lo colecciona a la que ni siquiera le gusta ese deporte; pero sobre todo tiene que ver con plantearse un objetivo (llenar el álbum) y cumplirlo (esa satisfacción que da cuando se pega la última estampa es muy agradable).

Por mi parte seguiré, cuando pueda, comprando el álbum cada cuatro años y admirando cada año, mientras dure, la capacidad que tienen empresas como McDonald’s para hacer mercadeo del bueno y no consideraré que ninguna de las dos abusa de nuestras debilidades por sentirnos útiles o por sentir que logramos alcanzar metas. Después de todo cada acción que realizamos, desde comprar o no un álbum, hasta comprar o no un Big Mac, es una decisión personal y tomada con libertad, y solo somos seres humanos con distintas formas de disfrutar la vida.

Saludos

PS. Mientras pensaba en escribir este artículo encontré el álbum de Francia 98, en PDF, en la Web, y sé decir que tampoco es lo mismo verlo lleno que coleccionarlo.

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