¿Qué no es felicidad?

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Una manera de lucir inteligente sin necesariamente serlo será, sin importar cuál sea la discusión a la que uno se sume, preguntar por los conceptos. Imaginemos que dos personas están conversando, ya desde una perspectiva meramente filosófica o con terminología científica, sobre la concepción humana de lo que es la nada, y decides sumarte a la charla. Bastará con que preguntes “¿Pero, qué es la nada?” para que entres de lleno a la conversación y parezca que tienes una importante aportación al asunto tratado. Piensa en otros temas como la razón de existir, el bien común, la trascendencia de la muerte, o el que se te ocurra. En todos cabe el mismo tipo de cuestionamiento, y cabe agregar que usualmente alguno de los participantes de la discusión estará de acuerdo en la importancia de definir el concepto antes de seguir con el disparo de argumentos.

Me ha pasado varias veces mientras discutía sobre aquello que brinda felicidad. La pregunta aparece: “¿Pero, qué es felicidad?”.

Acudir a la RAE para profundizar en ciertos temas es, sin más, un esfuerzo fatuo. Casi todos estaremos de acuerdo que una definición del tipo: “Estado de ánimo que se complace en la posesión de un bien”, es pichicata. Así que, haciéndome el interesante en la discusión, pregunto: ¿Qué no es felicidad?

Empecemos:

La felicidad no es hacer lo que uno quiere porque una gran parte de nuestro tiempo es utilizada para realizar tareas que no nos apetecen. No importa cuán satisfecho estés con tu trabajo, tus estudios y/o con tu familia. Siempre hay cosas que no queremos hacer y sumar todo el tiempo invertido en ellas brindaría mucha infelicidad a nuestra existencia.

Contrario a lo que aporta Eduard Punset, sostengo que la felicidad no es la ausencia de miedo. Superar y sobreponerse a los miedos suma momentos de dicha que son aportados a la felicidad de cada quien, por lo que su ausencia eliminaría tal suma de satisfacciones.

La felicidad no está en la improvisación. Conozco gente que se ufana de ser espontánea, relacionando su poca planeación con una sensación de libertad que brinda felicidad. Lo cierto es que alegría y disparos de adrenalina pueden haber, pero de nuevo, no es felicidad decidir a la carrera porque no todos los días se tiene oportunidad de estar frente a una encrucijada de magnitudes tales, que valga la pena considerar como espontaneidad, y los aportes a la felicidad serían muy pocos.

A la felicidad no se la persigue ni se la encuentra. No existe un cofre escondido en forma de persona, trabajo o viaje, que contenga la felicidad que corresponde a cada quien. Lo podemos saber porque todo aquello que nos brinda felicidad es susceptible de brindarnos dolor e infelicidad, lo que significaría que en realidad no habríamos alcanzado o encontrado nada.

Felicidad no es satisfacer los caprichos. Perseguir “el momento” sacrificando la escala de valores que rige a cada quien es capaz de brindar instantes de euforia pero el precio es, entre otras cosas un cargo de conciencia (que se puede disfrazar de cinismo), al saber que no somos lo suficientemente fuertes para ser quienes queremos ser. Y no, de ninguna manera un capricho puede ser un valor.

Sentirse bien no es sinónimo de ser feliz. Uno se puede sentir bien, por ejemplo, cuando no fue descubierto en una mentira, o podemos sentirnos bien mientras estamos acostados en una hamaca con montañas de trabajo pendientes en la oficina para el lunes, porque uno se desconecta un momento de tal situación. Sospecho que la relación de bienestar y felicidad se da porque, recostados en una hamaca, somos capaces de meditar o visualizar aquellas cosas que nos son satisfactorias o brindan placer a nuestra existencia.

En ocasiones anteriores he expuesto que considero que la felicidad es acumulativa. Los buenos momentos, las satisfacciones, los placeres y los logros suman al balance de la felicidad, y que mientras más tenemos más conscientes somos de lo bueno que es vivir. A favor de mi idea tengo que es generalmente aceptado que una persona infeliz es el resultado de una vida que ha ido acumulando experiencias tristes, trágicas y/o traumáticas, pero dejaré eso para otra ocasión. Menciono lo anterior porque el listado de lo que no es felicidad tiene un punto en común y es que no importa lo que queramos poner como representante de la felicidad, no podemos hacer esas cosas todo el tiempo, lo que significaría que en cada día de nuestra existencia tendríamos momentos de felicidad y no podría concebirse el concepto de “Una vida feliz”.

Veía un video de Steven Hayes en el que habla de la felicidad y en donde define a la felicidad, parafraseando, como: “Vivir acorde a tus propios valores”. Y sin duda, si Hayes está en lo cierto, lejos de preocuparnos por alcanzar la felicidad, estresarnos por ser felices en todo momento o decorar nuestra vida con los colores de la felicidad, nuestra tarea debería ser prestar atención, no a lo que somos, sino a los valores que decidimos que nos definan.

Lo dejo hasta ahí para que cada uno de nosotros podamos meditar en nuestra propia felicidad, lo que es y lo que representa, y también termino antes de que alguien venga a preguntarme “¿Qué son valores?”, solo para pasar por listo.

Saludos

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