Límites

IMG_20150423_173939Existe algo de lo que los seres humanos, irremediablemente, estamos rodeados, quizá muchas veces sin percatarnos de ello. Nuestro día a día y nuestro actuar se rodea de límites.

La palabra “límite” por sí misma, me parece fascinante. Dentro de sus definiciones se encuentra que puede ser una línea real o imaginaria; que representa un grado máximo o el tope de algo; y dice también que es un punto que no puede rebasarse, pero… imaginario o real, todos tenemos muy claro lo que un límite es, y una definición que incluya un “no poder” está en total contradicción con lo que solemos decir de “superar los límites”, “traspasar tus propios límites” y demás frases por el estilo.

Éstos existen de forma natural, como el hecho de que difícilmente vivas hasta los 150 años, que no se puede ingerir más de cierta cantidad de alcohol a no ser que la persona quiera morir—algunos hablan de 400mg de alcohol por cada 100ml de sangre—, o que no podrás, por mucho esfuerzo que pongas, correr 100 metros en menos de dos segundos —el record actual está en los 9.68 segundos—. Los hay impuestos por las leyes y reglamentos que pretenden ayudar a la coexistencia en sociedad. Existen los que dicta la moral, que son los que te dicen que no debes llevarte los Post-It de la oficina o que no conduzcas en una calle en contra de la vía, aunque lleves mucha prisa. Y los establecidos por la capacidad de cada quien en todo tema, que es lo que evita que todos juguemos al fútbol como Messi o que tengamos el cerebro de Larry Page —¿te vas a quedar con la duda de quién es Larry?—.

El problema grande con los límites es cuando uno trata de manipularlos, ya con buenas o malas intenciones, eso no importa. Los límites, en muchas ocasiones, despiertan la creatividad de las personas, y parece que pocas cosas son tan satisfactorias como, a pesar de todo, que alguien se salga con la suya.

Hace ya algunos meses en Uruguay se legalizó el consumo de la marihuana, estableciendo límites para su consumo. Grave error. Los gobiernos, históricamente, son pésimos estableciendo límites para el comportamiento de los ciudadanos, principalmente cuando el asunto en cuestión atañe exclusivamente a la persona y su derecho de hacer con ella misma, lo que le plazca.

Para empezar, el gobierno se hizo de la producción y venta del Cannabis, lo que significa que ellos serán el monopolio de ese producto, y la existencia de un monopolio irremediablemente crea la existencia de un mercado negro. Cierto es que una buena cantidad de gente preferirá la vía legal, pero si existe otra oferta del mismo —o mejor— producto y a más bajo precio, también muchos se inclinarán por esa opción. Lo mejor era dejar que empresas de distribución se discutieran el mercado, ofreciendo mejores productos a mejores precios.

No obstante lo que más me asombra es lo que se obtiene de la norma:

“Los ciudadanos o residentes del país mayores de 18 años, previo registro, podrán adquirirla en farmacias autorizadas (hasta 10 gramos por semana), con una tenencia máxima de 40 gramos; del mismo modo están permitidas hasta seis plantas y un máximo de 480 gramos por cosecha al año, se podrá cultivar en clubes con membresía (con mínimo de 15 socios y un máximo de 45) Asimismo se podrá cultivar también con fines científicos y de uso medicinal.”

Primero, pocos querrán estar registrados, lo que parece una excelente oportunidad para que a quien no le importe estar registrado y que no consuma marihuana, pueda vender la que obtenga a un “mejor” precio, para hacerse de unos pesos extra.

Segundo, no faltará quien, haciendo un favor, decida regalar sus 10 gramos semanales a alguien que desee consumir más, lo que significa que no mantendrán limitado al consumidor.

Ya quiero ver —en serio, deseo enterarme— en cuánto le va a salir al gobierno la inversión en el equipo de personas que estará a cargo de supervisar la cantidad de plantas que una persona puede tener en casa.

El gobierno de Uruguay hizo un buen trabajo desatanizando el uso de la marihuana, pero hizo uno muy malo estableciendo la forma. Yo lo que veo es el deseo de hacerse de un buen ingreso a las arcas del estado, no el deseo de terminar con el problema, no del consumo de esa droga, sino de los problemas que lo rodea, gracias a la ilegalidad. Ahora es permitido, pero poco, las tribulaciones podrían continuar para quienes deseen consumirlo “mucho”.

De tal, cada vez que pienses que la solución a un problema es que sea el Estado quien lo regule, piénsalo dos veces. La libertad y que la función del estado sea proteger la misma, de los abusos de terceros, siempre será una mejor opción.

Saludos

PS. Cuando un límite se sobrepasa no significa una contradicción del concepto, solo significa que el límite fue mal establecido, que perdió validez en el tiempo o que por ignorancia se tomó como límite algo que no lo era.

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