Haitiritismo

HatersEl balón seguía rodando hasta que era prácticamente imposible verlo, cuando la noche había descendido y nadie quería ponerse de guardameta —un pelotazo en la nariz no es algo que se antoje a cualquiera—. Para entonces la mayoría se había marchado a sus hogares. Yo formaba parte del grupo que se quedaba de último, para comentar una que otra jugada y hacer los elogios y reclamos pertinentes. Al llegar a casa existía la posibilidad de que me mandaran a lavar la ropa que había usado, principalmente si había llovido. Aunque protestaba la “injusticia”, sabía que era un precio que estaría dispuesto a pagar por volver a correr por la cancha, hacer una asistencia o marcar un gol. El fútbol era una parte muy importante en mi vida.

De pronto el mes de Post Temporada de la MLB arribaba. La fiebre empezaba con la disputa de los Wild Card. Para cuando llegaba la disputa de las series divisionales ya el virus de la moda se había esparcido a cada rincón de nuestra colonia y colonias vecinas. Ya nadie pensaba en un balón de fútbol. Todos sacaban sus implementos, que habían pasado guardados por meses, para dedicar las tardes a jugar longevos partidos de baseball. Mis opciones no eran muchas: o me quedaba en casa o salía a jugar, como todos, el deporte del momento.

Aquellas tardes era fácil ubicarme en el terreno despoblado de la colonia, a un costado de la piedra que hacía de almohadilla de la primera base, que usualmente era la que me tocaba cuidar, portando un guante prestado en mi mano izquierda.

* * * * *

Inicialmente pensé usar la palabra “haiterismo” pero al googlearla encontré todo un tema que tiene que ver con Haití, así que, descartada, googleé “haiteritismo” y de esa no apareció nada y concluí que sería un término adecuado, por si alguien decide utlizarlo. A la sazón, sería la forma de denominar a los, cada vez más abundantes, participantes de esta tendencia de convertirse en un“hater”: estas personas que parecen odiar todo y estar en contra de todo, principalmente de aquello que esté de moda. Pero el término no se limita a ser una simple traducción del inglés, un hater no solo se dedica a odiar, mas bien se dedica a emitir su opinión tratando de molestar y hacerse notar, mostrándose hostil y cínico. Creería, a falta de una fuente seria que pueda describir el comportamiento, que ellos disfrutan el ser odiados y criticados. Y que su grado de satisfacción e idea de que están en lo correcto está directamente relacionada con la cantidad de críticas que puedan recibir. Lo digo de otra forma: estos individuos se creen que están en una postura que los pone como seres superiores, en inteligencia, al resto de los mortales.

Es interesante cómo se ciegan. No son capaces de ver, por ejemplo, que el ir en contra y criticar algo es lo más fácil que se puede hacer —después de todo, nada es perfecto en sí mismo y todo tiene sus puntos débiles o en contra—. Tampoco ven que criticarlo todo se ha vuelto una moda —con cada nuevo tema se deja venir el enorme pelotón de criticones de las cosas, a hacerse escuchar—, y que al ser moda deberían de estar en contra de participar en ello, también. Pareciera, desde su punto de vista, que ningún movimiento, propuesta, idea, acto, planteamiento, evento, gusto, etc. Es digno de ser tomado en cuenta, para luego caer en la contradicción, porque también son humanos, tienen gustos y eventualmente se decantan por alguna opción argumentando a su favor para sacar ese interés particular, del grupo de “lo del resto”. Les es muy fácil equivocarse criticando a las personas en lugar de a las ideas —El ad hominem está de moda—. Y es muy probable que tras una crítica, uno se haya ganado un “enemigo” eterno.

Estaremos de acuerdo, las mayorías no son garantía y usualmente escogen mal, pero, primero: ¿Cuánto es una mayoría cuando no se tienen todos los datos? Segundo: el que un grupo considerable de personas tenga cierto gusto no debiese descartar nada bajo ese único argumento, acaso sí, poner en alerta. Es válido, y debiese ser necesario, que uno por sí mismo analice, deduzca y concluya. Si la moda queda bien con uno, no hay que desecharla solo porque la mayoría la adoptó. A modo de ejemplo, no hay que dejar de tener el celular que uno quiere porque la mayoría tiene ese, ni hay que renunciar a tener celular porque casi todos tienen. Es tan válido el modelo que se escoja como el que se deseche, si con eso uno está cómodo, y es tan válido decidir adquirir o no un aparato, pero por motivos personales. Y no pretender que ese motivo debe ser adoptado por todos. Si gusta, sirve (por utilidad, diversión o gusto), se puede tener o hacer, y no se hace daño a nadie (en el sentido de violentar sus derechos) ¿vale la pena renunciar a algo solo por estar en contra? o en un peor escenario ¿por la opinión de alguien que solo se dedica a estar en contra?

Incluso un argumento que parezca bien planteado puede estar fundamentado sobre falsedades o sobre bases débiles. Dejarse guiar por los “listos” que escapan del montón no es una buena idea —a la mayoría de ellos los dirige sus emociones, frustraciones e impulsos—, así no se entienda nada de fútbol, no se le encuentre el gusto a la moda de correr, parezca que la idea política roza lo ridículo, el evento no parezca ofrecer material de calidad, o X persona caiga realmente mal.

En cambio tener criterio propio generado a partir de la razón y no de comentarios o frases “inteligentes”, es una genialidad que está al alcance de la mayoría —una pena que no sea al alcance de todos—.

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Cuando daba la noche y regresaba a casa, tras el encuentro de baseball, era muy probable que tuviera que ir directo a la pila del patio de atrás, a lavar mi ropa. Después de todo había que barrerse en las bases, tirarse para no dejar ir un roletazo o perseguir un fly, cuando el batazo iba de foul. Menos mal que en mi colonia el haitiritismo era desconocido y no existieron haters que me convencieran de renunciar a aquella diversión, solo porque era lo que estaba de moda por esas semanas.

Saludos

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