Conceptos e ideas

Un par de amigos conversaban de forma muy casual, básicamente sobre nada, cuando uno de ellos le pregunta al otro en tono inquisidor: “¿O sea que vos sí sos ateo?” El cuestionado, supongo que queriendo no entrar en debate o por lo “pesada” que puede ser la palabra, contestó que él no era ateo, solo que cree que no existe dios ni en ningún ser supremo que determine o dirija la vida de las personas.

En otra ocasión, hace solo unos días, hubo una discusión sobre los grupos “élite” que se forman en ciertas profesiones, de lo que cuesta entrar en ellos, y de cómo al pertenecer a ellos pareciera que saca a muchos de la realidad, como sintiendo que son “los elegidos” y que están en un nivel más alto que el resto de los mortales. Conceptos como altanería o pedantería aparecieron. Luego alguien mencionó la palabra egoísmo, relacionándola con el hecho de no ser objetivos a la hora de evaluar el trabajo de algún colega: si forma parte del grupo su trabajo es bueno, si es de fuera, por descarte, ya es malo. Un amigo, al escuchar esa palabra me volteó a ver y, con otras palabras, dio a entender que lo del egoísmo era lo mío.

El diccionario define la palabra concepto como: “Idea, representación mental de una realidad, un objeto o algo similar”. Los conceptos son los que nos permiten comunicarnos y evolucionar. En el campo de la matemática, por ejemplo, las cosas no podrían ir muy bien si para una persona el siete representara siete unidades, para otra doce y para alguien más quince.

En la primera conversación le comenté a quien no se creía ateo que estaba en un error. El negar la existencia de dios o de cualquier tipo de deidad lo convierte en ateo. El ateísmo no es una religión ni una práctica, es un concepto que de acuerdo con su definición, le aplica. No se puede negar la existencia de dios y decirse no ateo porque a uno no le gusten las etiquetas. Es tanto como que alguien no quiera aceptar que es un ser humano. Todos lo somos por definición.

En la segunda conversación me limité a ver a mi amigo con gesto de: “no voy a entrar en ese tema”. No porque le huyera, sino porque me pareció que no era el lugar adecuado, ni era lo que se estaba discutiendo. En varias ocasiones me he definido como egoísta y en casi todas ellas he explicado el porqué y el hecho de que todos lo somos. Aunque es un tema que da para un desarrollo aparte, vuelvo a explicar, brevemente, que a todos nos mueve nuestro deseo de satisfacción. Ya sea por acumular riqueza —que para muchos parece ser malo—, porque sea más importante el sentirnos bien con nosotros mismos al regalar dinero o que libremos culpa al realizar alguna buena acción —aspectos todos que se pueden mezclar de distinta forma—. Es aquello que tenemos como prioridad lo que nos hace actuar. Dicho de otra forma, no hay acción que realicemos —a no ser que sea por coacción— que no hagamos porque nos representa algún beneficio. Eso es egoísmo, al que le suelo agregar lo de “racional”, para lograr una diferenciación que, a criterio personal, no debería ser necesaria.

Últimamente he leído columnas y opiniones sobre ellas, en donde se trata el tema de los libertarios en Guatemala, más que todo con acusaciones hacia quienes se definen a sí mismos como tales.

El libertarianismo es, de nuevo, un concepto. Es una filosofía política que, entre otras cosas, apela al derecho del hombre sobre sí mismo, limitado por el derecho ajeno. Es válido, y hasta necesario, argumentar sobre tales ideas, razonarlas, probarlas, tratar de encontrar sus fallas y aceptar o descartar, si fuera el caso, sus principios.

Convengamos que, si Fidel Castro menciona a la libertad como uno de los más grandes valores que puede poseer todo ser humano, no porque él dedique su vida a coartar la de los habitantes de Cuba, lo que dice es una mentira. Una verdad es verdad siempre, y una mentira siempre lo será, independientemente de quién la sostenga.

Así pues, cuando en una columna se lee que los libertarios no leen a Marx, que se aprovechan del público ignorante, que todos son desalmados o que no creen en el cambio climático, y, peor aún, justificar el derecho a generalizar porque el del “otro bando” lo hace, se está cometiendo un terrible error y una irresponsabilidad al desinformar a quienes consumen tales textos.

Las acciones definen a una persona, no el concepto o la etiqueta que ostente. Si una persona predica el bien y hace el mal, no se puede acusar al bien de ser malo, se acusan sus acciones malas y se juzga, ética o moralmente, la incoherencia del individuo. Como ejemplo, un político, como concepto, no es un ladrón ni un corrupto, sino que es una persona que interviene en las cosas del gobierno. Alguien que lo haga no puede decir que sí interviene en las cosas del gobierno pero que no le gusta o que no es un político, porque por definición lo es; y tampoco está obligado ni definido como ladrón o corrupto, porque muchos, o la mayoría de políticos, roben.

Los políticos en Guatemala, muchos de ellos, tienen ideas socialistas o son pro programas sociales —no sabría decir si todos ellos con conocimiento de lo que defienden—. En las noticias aparecen escándalos de corrupción, pero no hay forma en que yo me permita asociar socialismo con corrupción. Lo que puede haber son tendencias, como aquella máxima que reza: “El poder corrompe”, aunque aún en ella no podría asegurar que el poder corrompa a todos.

Discutamos ideas y juzguemos acciones. Las acciones son individuales y definen al individuo. Las ideas, acertadas o no, no cargan con culpa alguna de las malas acciones de sus partidarios o de quienes solo dicen ser algo sin tener idea de lo que expresan. Si Fulanito de Tal roba y se define como libertario, no es que los libertarios roben, es solo que Fulanito de Tal es un ladrón, y eso aplica a todos y cada uno de los individuos y en cada una de sus acciones.

Mi amigo aceptó que era ateo, aunque no sé si lo hizo para no alargar la discusión, lo cierto es que no debería molestarle que un concepto se use apropiadamente. El otro suele decirme que siempre hablamos de distintas cosas y las discusiones suelen cortarse de tajo, una pena… las ideas merecen discusión.

Pen Jillet tiene una idea de lo que define al libertarianismo: “Toda mi postura en el libertarismo se resume, simplemente, en que no sé qué es lo mejor para los demás”. Yo podría estar de acuerdo o argumentar que lo mejor para los demás es la libertad, pero eso es otro punto. Lo importante sería discutir, con argumentos y con el uso de la razón, éste tipo de ideas que eventualmente podrían beneficiarnos, a corto plazo como individuos y a largo plazo si somos muchos los individuos beneficiados.

Saludos

PS. Cómo vuela el tiempo… ya son seis años de este sitio. Contrario a años anteriores, esta vez no me cuestionaré su continuidad o no.

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