¿Vale la pena?

CebrasPor culpa del Animal Planet —es mi culpa por verlo pero busco descargarla en alguien más— suelo tener en mente la imagen de una cebra que, sosegada, se dedica a alimentarse de hierbas que parecen algo secas mientras a algunos metros de distancia, amenazadoras, se encuentran varias leonas que buscan su propio alimento. Una escena común en los muchos documentales que repiten una y otra vez de donde se obtienen más o menos los mismos datos: la cebra no se altera si ve leones a su alrededor porque sabe que tiene la suficiente velocidad y fuerza para escapar de ellos —La leona corre igual de rápido pero no logra mantener la velocidad por mucho tiempo.

Dudo que esos programas sean pensados para la gente que gusta de los animales como mascotas, porque las escenas no suelen estar colmadas de ternura sino por el contrario de la rudeza de la naturaleza.

¿Valdría preguntar si vale la pena ver esos documentales y saber del comportamiento animal?

Hace algunos meses —quizá más del año— leí un libro de Eduardo Punset llamado El Viaje a la Felicidad que tiene como foco central dar con la fórmula de eso mismo: la felicidad.

Dentro de la narración Punset habla del miedo y su prioritaria importancia en función de tener la posibilidad de salvar la vida —Quizá de ahí el que existan, por ejemplo, miedos por insectos que son cientos de veces más pequeños que un ser humano—. Cuenta que las ratas poseen dos sistemas olfativos: uno que permite oler la presencia cercana de un gato y el otro que lo hace a distancia. Sería insoportable, menciona, vivir bajo el trauma emocional de percibir a todos los gatos de alrededor.

¿Vale la pena saberlo?

Al final el libro concluye con una fórmula —según Punset es la fórmula de la felicidad— de la que no pienso ocuparme en este texto, pero sí me interesa esa parte que habla del miedo.

Por mucho la felicidad tiene que ver con la ausencia de miedo.

Es por eso que una cebra puede vivir. Puede incluso ser víctima de un ataque de leones del que salga con vida y volver a su existencia calma de andar de un lado a otro en busca de agua y alimento. No pasa, o no se ha descubierto que sea así, que después de estar a punto de perder la vida un animal quede traumado y deje de vivir como lo hacía hasta entonces. La evolución del ser humano al grado de razonamiento que posee le viene siendo una especie de condena.

¿Y qué con todo esto?

Continúo.

Siguiendo con Punset, él asegura que el ser humano no es capaz de calibrar con precisión la respuesta emocional que corresponde al grado de amenaza. Hay un problema para la persona cuando el miedo emocional supera las exigencias de alerta necesaria para la supervivencia.

El cerebro, por su parte, hace un gran trabajo tratando de desechar la cantidad de información negativa que procesa, de otra forma no sería posible salir a la calle. Es suficiente con analizar las probabilidades entre las muchas y muy variadas cosas malas que a tantos pasan a cada instante y el número de personas que somos —sobre todo en situaciones tan particulares como la inseguridad que se vive en este país—. Lo que quiero decir es que el cerebro trabaja para que seamos felices, o más bien hace su parte.

¿Vale la pena exponer un artículo que trate este tema?

Lo cierto es que leyendo éste artículo o no, las personas en términos generales tenderán a comportarse de la misma forma: con miedo como método de supervivencia y con un cerebro luchando porque la felicidad, por difícil que parezca, se mantenga a la mano del individuo.

Cierto es que se cuenta con otras muchas cosas que colaboran, por mencionar solo algunas, la oportunidad de socializar, la capacidad de comunicar, la posibilidad de alcanzar seguridad, la apreciación del arte. Pero quizá conociendo sobre la importancia de la ausencia del miedo se le pueda dar una ayuda al cerebro.

Razonar en lugar de solo reaccionar es un tema sobre el que vale la pena discutir, tal cual abundan muchos otros, aunque parezca que no conducen a ningún lado.

Ahora contesto a las preguntas: si una discusión aumenta el conocimiento, expande el mundo, siembra curiosidad, incita a la investigación o ayuda a una mejor toma de decisiones, sin duda alguna vale la pena.

Dudo mucho que una cebra sea capaz de pensar en un “¡Uff me salvé!” luego de escapar de un ataque mortal o disfrutar la satisfacción de un “¡Lo logré!” al alcanzar una meta que se había propuesto. El ser humano sí puede y esa posibilidad es de gran valor y, como tal, tienen un alto costo.

Saludos

PS. Con el mismo origen se podrían discutir tópicos como la evolución de las especies, la crueldad del ser humano, la cacería, el dominio del más fuerte, los costos de la comodidad o si en realidad la vida salvaje presenta un mejor escenario como algunos pretenden, por solo mencionar algunos.

Un comentario en “¿Vale la pena?

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