Creer y disfrutar

MotocrossEn la portada tenía una calcomanía de la Empresa Eléctrica con el dibujo de un foco feo que procuraba hacer conciencia en los niños de la importancia de apagar las luces cuando no se las usa, mi nombre en grandes letras escrito con marcador negro y el nombre de la obra que no logro recordar ⎯quizá un intento de la ventura porque olvide este pasaje de mi vida⎯. Dentro existía un índice, ocho capítulos como de dos páginas tamaño carta cada uno y ocho moralejas, casi todas sacadas de lo que yo consideraba importantes lecciones que nos da la naturaleza. Estaba escrito a mano, pues la primera máquina de escribir de casa tardaría aún algunos años en llegar y de haberla tenido tampoco me la hubiesen dejado usar para jugar a ser escritor. Aquellas hojas enganchadas dentro de un folder gris se perdieron luego de mostrarlas con orgullo a mi mejor amigo de aquellos tres meses ⎯nunca se sabe lo que un buen amigo durará y los que son para toda la vida escasean cada vez más⎯ y recibir como crítica literaria un humillante: “Está bonito”, de su parte. El tiempo y el descuido hicieron que aquella buena, mala, vergonzosa y graciosa experiencia permanezca solamente en mis recuerdos y, con mi sincero agradecimiento a las circunstancias, en los de nadie más.

Quien lo hubiese leído, a falta de ser honesto conmigo para decirlo de frente y arriesgarse a dar un golpe letal a las inquietantes ilusiones de un chico que no entendía la complejidad y el dolor de exponerse al juicio de otros, hubiera considerado que el mejor consejo que podía darme era que siguiera con mis planes originales de convertirme en doctor o, incluso, que era preferible darme alas para que me creyera eso de que de grande habría de ser motocrosista, a sabiendas de que a esa profesión logran dedicarse dos por año y que había suficiente tiempo por delante para que me diera cuenta de mi grave error de escogencia. Así de malo era un trabajo que no mostraba de mi parte dotes especiales para las letras, ni seña alguna de que mi futuro viniera asegurado, al menos en cuanto a incertidumbre, no en lo monetario porque en estas tierras es condenatorio.

Mi temprano despertar a la conciencia de la vida fue casi siempre acompañado de una frase que quizá también acompañó a alguno de los que lean esto: “Yo también puedo hacerlo”. La que solía aparecer al ver las proezas y logros de amigos y compañeros, o las muy curiosas de mi hermano. La pensaba pero pocas veces la pronuncié y cuando lo hice fue casi siempre por la presión del momento: en grupo es difícil, sobre todo a esa edad, confesarse incapaz de hacer algo. Y nunca falta el adulto que pregunta con intención de reforzar la confianza y seguridad en el pequeño ⎯la de averías que producen las buenas intenciones⎯. Tengo mis dudas con el método: de pequeños se aprende que hay que responder lo que esperan que se conteste, porque así lo dejarán en paz a uno y porque de todas formas será difícil que pidan respaldar con actos las palabras, eso se aprende después, muchas veces cuando es tarde, o no se llega a aprender nunca. Una pena.

Lo cierto es que la mayoría de veces esos pensamientos los guardé para mí. Y pasó que de pequeño me creí capaz de llegar a apagar incendios ⎯siempre vestido de rojo, jamás de verde⎯; de realizar expediciones y escalar montañas ⎯siempre hacia lugares fríos⎯; de ganar una medalla en la competencia de slalom ⎯aunque fue hasta hace poco que conocí la nieve⎯; de grabar un disco de música ⎯sin que mi foto apareciera en la portada porque el chiste era que se vendiera⎯; o de escribir un libro como el que había terminado de leer.

No creo que existan muchos ⎯si acaso hay alguien⎯ que emprenda algo pensando que no puede hacerlo. Aquella frase de “yo también puedo hacerlo” acompaña todos los emprendimientos, aunque quizá no de forma tan consciente como debiera serlo. Esa frase encierra anhelo, deseo, decisión, confianza y convicción… es una frase que invita a competir ⎯ojalá la ilusión sea hacerlo contra los mejores y, mejor aún, si el primer rival en mente es uno mismo⎯.

Es fantástico establecer los deseos personales y creer en las propias posibilidades. Incluso creer que se puede llegar a ser el mejor: ¿por qué no?

Al día de hoy  no he ganado ningún concurso ni premio literario y… solo he participado en uno ⎯fue en la categoría de novela y cuando entregaron los premios se olvidaron de la misma, lo que me hace pensar que si todos los que participamos somos malos el futuro novelesco de éste país anda en problemas, al menos el literario, el político da para miles de libros⎯; he autopublicado tres libros y, hasta donde logro vislumbrar, quizá llegue a cuatro; una editorial guatemalteca aceptó publicar uno de mis libros con la condición de que me hiciera cargo de pagar todos los costos, lo cual no acepté; mantengo con suero intravenoso y respiración artificial éste blog que ha estado a punto de morir como en cinco ocasiones y que ha de tener no más de tres lectores fieles a los que agradezco su tiempo y deferencia; y sé que si quiero llegar a hacer un currículo que sea un buen representante de mi turbulento presente ⎯que siempre queda mejor cuando se es escritor⎯ en el futuro, me falta coleccionar rechazos editoriales, pero es que no termino de entender el juego de la publicación, sobre todo en este país.

Tengo claro que me adelanto al escribir el presente artículo que quedaría mejor ⎯o al menos sería más correcto dar a conocer⎯ cuando me convierta en autor. Lo que convence y motiva a la gente a aceptar algo como cierto son las historias de éxito y éstas no se cuentan cuando se va a medio camino o cuando en la mochila lo que llevas es anhelo e intención. Pero no es necesaria la espera porque no pretendo contar y explicar de mi éxito o mi fracaso. Mi intención es compartir lo mucho que estoy disfrutando éste camino mientras voy creyendo que “yo también puedo hacerlo”. Ya luego, si llego y si vale la pena, escribiré otro que posiblemente tenga que empezar con la aclaración: “Como ya comenté alguna vez…”.

Saludos

Un comentario en “Creer y disfrutar

  1. Buenos días;

    Mi nombre es Francisco Hernán, pertenezco al equipo de SMARTUP, una agencia de publicidad especializado en blogs, encantado de saludarte🙂

    Me pongo en contacto contigo porque estamos llevando a cabo una campaña sobre un cliente relacionado con los anuncios clasificados y nos gustaría contar con tu participación a través de tu blog

    Se trataría de publicar un post de al menos 300 palabras de extensión, con contenido adaptado a tus lectores y siguiendo la línea editorial del blog. Si estás interesado en participar en la campaña, por favor házmelo saber y te informaré con más detalle.

    Muchas gracias, espero su respuesta🙂

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