La Vaca, ¿dos?

IMG_20130506_081551En un pequeño pueblo que hacía poco tiempo comenzaba a experimentar un crecimiento y mejora económica para sus habitantes, vivía un viejo sabio cuyas palabras eran escuchadas por un joven discípulo sediento de sabiduría. Un buen día el sabio decidió que era momento que el joven aprendiera “los secretos para vivir una vida próspera y feliz”, y conocía a detalle aquella historia que un colega suyo había vivido hacía varios años, de la que se habían escrito libros, se daban seminarios y se creaban audiolibros, así que pensó que sería una buena opción replicarla.

No fue fácil encontrar la pequeña aldea en donde viviera una familia tan pobre como la de la historia original, pero después de mucho esfuerzo lo consiguió. Pidió a su discípulo que le acompañara en un viaje de un par de días y, tomando el bus que salía del pueblo a eso de las diez de la mañana, llegaron hasta la aldea al cabo de varias horas de camino.

La pobreza del lugar se dejaba sentir a través de todos los sentidos. Caminaron incesantes como si estuvieran perdidos, aunque el viejo sabía la dirección a la que tenían que llegar. Cuando la encontraron se acercaron a aquella casa, pequeña, casi destruida, sucia y deprimente. Llamaron a la puerta y el patriarca del lugar salió a atender. Como en la historia original, el sabio explicó que iban de paso por el pueblo inventando cualquier excusa que a nadie importó y que necesitaban un lugar para pasar la noche. Sin mucho pensarlo el dueño de la propiedad les invitó a quedarse. —Parece que, considerando las dos experiencias, a los pobres les es menester ofrecer su casa a cualquier desconocido que tenga necesidad de un lugar para la noche, quizá sea el sentirse libres de cualquier cosa que les pueda ser robada.

El viejo invitó al otro a observar cada detalle del lugar. Se percató que la familia estaba constituida por el padre de familia, su esposa y tres hijos: la mayor una mujercita de catorce años y dos menores de doce y nueve —por más esfuerzo que hizo el sabio, no había conseguido la familia de ocho—, y de lo poco con lo que contaban. De madrugada los dos se levantaron con cautela y se dirigieron al lugar donde estaba la vaca de la que eran dueños y que les había ganado la selección del sabio. Al tenerla de frente sacó la daga que llevaba preparada y procedió a matar al animal quien no tuvo chance de opinar al respecto. Es casi seguro que el anciano buscara en internet la mejor forma de matar a una vaca con una daga sin que ésta hiciera ruido y sin que representara un verdadero peligro para el verdugo.

El efecto en el joven fue el mismo que en el de la historia anterior. Quedó atónito por la maldad del sabio a quien luego de cuestionarle sus hechos, sin recibir respuesta, le dejó de hablar durante todo el camino de regreso. El maestro, que sabía cómo se desarrollarían los hechos y cómo todo habría de mejorar para aquella familia a partir de esa fecha, obligados por la necesidad, intentaba disimular una necia sonrisa que se resistía a desaparecer.

Era mandatorio, por lo hecho por el sabio de la primera historia, que un año después regresaran al lugar. A regañadientes el joven aceptó, sobre todo por la culpa que le carcomía su tranquilidad. Hicieron el viaje en bus, llegaron al lugar y se detuvieron frente a la misma casa. A pesar de la incredulidad en sus ojos, contrario a lo que el sabio esperaba, aquello estaba en peores condiciones.

Tocaron la puerta y salió aquel mismo hombre que había tenido la pequeña deferencia para con los necesitados. Falto de fuerza, apenas se movía y parecía que no viviría mucho tiempo. Les contó que se estaba haciendo cargo de su esposa quien estaba en cama incapaz de levantarse por la debilidad; que su hija mayor se había ido de casa y que le habían contado que sobrevivía vendiendo su cuerpo a quien estuviera dispuesto a darle a cambio un trozo de pan; su hijo, ahora de trece años se encargaba de mendigar y en ocasiones no lo veían por días hasta que regresaba con poco para ayudar a sus padres; el menor se había marchado y no tenían ninguna noticia de su paradero.

El sabio estaba estupefacto, el joven no lograba contener sus lágrimas.

—A la mañana siguiente —continuó el hombre cuando la tos le dejó hablar— que ustedes estuvieron acá, encontramos a nuestra vaca, que era el sustento de la familia, muerta por la mano de alguien que, sin que entendamos la razón, quiso hacernos daño. Desde entonces las cosas solo han ido peor.

El joven se puso de pie, sacó un poco de dinero que cargaba consigo y se lo dio a aquel hombre.

—¡Perdone! —fue todo lo que pudo decir antes de salir presuroso de aquel lugar, olvidándose del sabio.

Mientras caminaba aprisa alejándose de aquella desgracia iba meditando: “¿Por qué el sabio no les había explicado que no eran dueños solo de una posesión sino de dos, porque contaban con la vaca y con la tierra en donde estaban? ¿Por qué no les sugirió que consiguieran algunas semillas para sembrar hortalizas y legumbres y hacerse de una fuente de sustento o incluso de ingresos? ¿Por qué no les sugirió que obtuvieran tales semillas a cambio de un poco de leche? ¿Por qué no les explicó que la pobreza no tenía nada que ver con la suciedad en la que habían escogido vivir? ¿Por qué decidió jugar con la suerte en lugar de enseñarle a aquella familia un poco de lógica y a usar su razón para salir adelante?

Poco tiempo después no pudo con la culpa. Se presentó a una comisaría y luego de explicar lo que había pasado le condenaron a treinta horas de servicio comunitario. Al sabio lo buscaron y lo culparon por la muerte de la vaca. Le dieron cinco años de prisión y lo obligaron a cancelar el valor del animal. El tiempo había pasado y ya no hubo a quién realizarle el pago.

Saludos

3 comentarios en “La Vaca, ¿dos?

  1. Hola, lei la vaca 1 en youtube y me parecie motivadora, ahora leo esta otra versión y me parece tan real y deprimente parecida a la historia que se vive a diario en mi querida Guate, perdon por la franqueza pero no encuentro la moraleja, mas que las preguntas que hace el joven sobre lo que no hizo el sabio … de explicar a la familia varias cosas, cosa que la vaca 1 tampo lo hizo el sabio pero les fue mejor….
    si me lo explicas te lo agradezco!

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    1. El escrito pretende ser una sátira de la obra “La vaca”, que está cargada de positivismo y cosas buenas.

      Si tuviera que explicar una moraleja sobre lo escrito te diría que es el aprender a observar los detalles de las cosas que nos dicen y explican e incluso venden.

      Por dar un ejemplo: en la historia del libro es el sabio quien mata la vaca de otra persona, luego en toda la explicación de la aplicación a la propia vida la invitación es a matar uno mismo sus vacas. No hay coherencia en ello, por más buena intención que exista. Y es que no es lo mismo enfrentar un mismo problema porque se presenta un “accidente” (así lo cree la familia) a hacerlo consciente de que es algo provocado. Lo digo de otro modo: es distinto llegar a encontrar la vaca muerta -donde no hay que tomar ninguna decisión-, a tener que matarla uno mismo -siendo que uno suele hacerlo de poco en poco por lo difícil de la tarea-.

      También creo que no todas las vacas han de matarse… habrán algunas que vale la pena conservar y sacarles provecho.

      Invito a dudar de todo aquello que esté decorado por completo de buenos resultados. No hay fórmulas para el éxito. Una misma circunstancia funciona para unos y no para otros. No descalifico que hayan buenos consejos y buenas prácticas en éste tipo de libros, solo digo que no hay que tomarlos tan al pie de la letra, ni creerles a ojos cerrados. Imagina a una persona que erroneamente concluya que su vaca es su trabajo y deje sin comer a su familia.

      Hay que razonarlo todo.

      Saludos y gracias por pasar por acá.

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