Siempre siempre

45Era domingo y el clima estaba más frío que templado —lo tengo presente porque es el que más disfruto—. Veníamos de regreso de realizar algunas compras en el centro comercial que nos era tradicional. Algunas ocasiones, no muy frecuentes, mi padre entonaba alguna canción que solíamos cantar en grupo, o en pareja porque entre todos yo era el que siempre me apuntaba a hacerle “gundas”. Aquella tarde que empezaba a desaparecer se puso a cantar el mayor éxito, al menos en español, que tuvieron la pareja italiana de Albano y Romina.

Solo unas semanas antes mi padre había hecho el esfuerzo por comprarse un equipo de sonido, pero uno en serio o vaya, respetable. No recuerdo si era Philips o Panasonic y a ésta hora no me parece necesario hacerle una llamada para resolver mi duda, porque el equipo, a pesar de los años, aún está en su casa, luego de haber soportado mi etapa de adolescencia —en donde me adueñé de él y era feliz mezclando casetes y jugando con el ecualizador— y la propia de mis hermanos. Mi padre decidió que quería añadir a su recién iniciada y pequeña colección, el 45 de aquella canción de la cual no sabía el nombre y desconocía cómo se llamaban los intérpretes, por lo que tuvo una brillante idea: aprovecharse de la “inocencia” de sus hijos. Parqueó el viejo Volkswagen cerca del local de venta de discos y decidió que lo mejor era que él y nuestra madre esperaran en el vehículo mientras mi hermano menor y yo íbamos a preguntar por la canción. Yo, tímido como era, repliqué que no tenía idea de cómo preguntar por algo que desconocía a lo que contestó: “Cuando te atiendan la cantás”.

No muy convencido pero obediente, como era costumbre, bajé del auto y dirigí a mi hermano a la tienda quien tampoco mostraba mucho entusiasmo y dado mi “privilegio” de primogénito entendí que sería yo quien habría de hacer de voz líder en el “ridículo” al que me aprestaba. Nos atendió una señorita que no muy me entendía o no me escuchaba, no lo sé, pero al final me puse a cantar aquello de: “Siempre siempre, siempre siempre tu ♪” y estoy seguro que hasta hice el movimiento que con entusiasmo realizaba Romina al cantar la parte de “Siempre siempre, insistentemente ♪ ”. La experiencia fue un fracaso, no entendieron de qué canción hablaba, y las miradas de el resto de vendedores y los que compraban en el lugar hicieron mella en mi orgullo.

“Más adelante hay otra”, fueron las palabras de mi padre cuando le conté mi triste y apesadumbrada experiencia. Fue hasta la tercera tienda en donde se dio por vencido, pero en aquel lugar fue diferente: entré, ubiqué al vendedor y con firmeza le dije: hay una canción que dice así… la canté, incluso le expliqué cómo hacían en el video —el ritmo con la cabeza y las vueltas de Romina que era lo único que se podía destacar—, pero igual no supo de lo que le hablaba, aunque algo intentó buscar.

Mi padre no lo sabe, pero recordar aquella tarde siempre me es una alegría. Me veo intentando convencer a los vendedores con voz y ademanes; me veo con nervios caminando hacia los locales, eran tantos que apenas recuerdo la intervención de mi hermano, si acaso la hubo; recuerdo con el gusto que mi padre cantaba esa canción y el ansia que le invadió por tenerla; recuerdo las tiendas llenas de LP’s y 45’s características de la época; recuerdo el  Volkswagen y lo mucho que cantamos y jugamos dentro de él; y más, recuerdo mi cambio de actitud de la primera a la tercera tienda. Sin intención, mi padre logró crear y dejar un recuerdo muy especial que estoy seguro que permanecerá conmigo mientras sea dueño de mi conciencia.

Ese buscar constante de momentos especiales, alegres, divertidos, retadores, triunfales, ese esfuerzo por lograr que parte del tiempo de nuestros días se quede con uno para siempre, ese afán por lograr lo mejor de cada período de la existencia… todo ello está bien, y más que bien, es loable. No obstante el empeño y la disposición no están en cada segundo que transcurre. Es imposible sacar el máximo a cada respiro que damos y quien tenga esa meta en la vida, encontrará que a la par suya, infatigable, le acompañará la frustración.

En la canción “Outside” de “Cults” —qué me gusta mucho a pesar de lo extraño del video— hay una línea que dice: “I think it’s good to go out, cause if you don’t you’ll never make a memory that will stay”, que traducido debería de decir algo como: “Levantáte de ahí, hay un mundo afuera del que vale la pena ser parte, movete, disfrutálo y acumulá recuerdos valiosos”. Aunque la traducción en realidad iría más o menos como: “Creo que es bueno salir, porque si no nunca crearás un recuerdo de los que permanecerán”.

No se puede saber la fecha y la hora en que se vivirá un momento inolvidable. Hay unos que se buscan y otros que solo están ahí, insospechados. Pero sí se puede entender que solo viviendo (haciendo), en lugar de dedicarse a ver cómo avanza el reloj, aumentan las posibilidades de que se den.

Hace unos días mi padre me preguntó si aún recordaba la canción y si todavía me gustaba. No pude evitar una enorme sonrisa en mi rostro.

Saludos

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