Pepsi o Coca

PepsiCocaNo son pocas las veces que he disfrutado del trabajo de George Carlin, tanto en las entrevistas que le hacían como en las presentaciones de comedia que daba, y sobre todo aquello que dijo cuando estaba en sus últimos años, creo que para entonces sus conceptos e ideas eran más graciosas y daban más para pensar, quizá por madurez o porque su comedia más que hacer reír buscaba confrontar con la realidad. No puedo alabar su irreverencia o su descaro para expresarse, porque eso mismo era parte de su show y no puedo asegurar que fuera parte de su persona, en cambio sí puedo hacerlo con su creatividad y su agudeza para otorgar momentos que inviten a pensar en cosas en las que quizá –y lamentablemente, debo añadir– no suela hacerse.

En una charla con un amigo, me preguntaba éste a qué era lo que llamaba libertad, siendo que las opciones con que contamos en nuestro día a día son muy pocas. No sé si escuchó a Carlin, si obtuvo la idea de de otra persona o fue trabajo de meditación propia –luego planeo preguntarle–. Lo cierto es que Carlin solía decir que lo de la libertad era solo una ilusión; que las decisiones que tomábamos en nuestra vida son en extremo limitadas; que la libertad con la que contamos es con aquella que permite escoger entre tomar una Pepsi o una Coca Cola; que son las grandes corporaciones, los bancos y el gobierno quien toma las decisiones importantes dejando para el resto de personas las trivialidades; que nos engañamos a nosotros mismos creyendo y forzando un sentimiento de libertad con cada trivialidad que enfrentamos.

El concepto es erróneo.

Siguiendo con el ejemplo de la gaseosa, podría decir varias cosas: que la oferta de Pepsi y Coca Cola aplica cuando quien desea consumir quiero sí, y solo sí, una gaseosa de ese sabor, y aún ahí la competencia suele ser entre más de dos, aunque cuesta más conseguir otras marcas; si lo que se tiene es necesidad de satisfacer la sed existen muchas otras bebidas con las que se puede saciar la misma; si lo que se tiene es deseo de tomar algo es una cuestión de gusto y de nuevo la oferta es bastante amplia; y como última opción estaría el hecho de decidir no tomar nada. Claro está que la mayoría de opciones dependen –de forma ideal–, del poder adquisitivo que cada quien obtiene con su esfuerzo productivo, lo cual requiere la libertad para obtener ingresos.

Pero de nuevo, eso es argumentar sobre un concepto erróneo.

La libertad no está en función de las opciones que alguien tiene para consumir. La libertad está en el derecho de poder crear cosas que se puedan ofertar. Siguiendo con el ejemplo: la libertad la tuvieron en su momento los dueños de la PepsiCo y The Coca-Cola Company para crear sus empresas y ofrecer sus, tan aceptadas y famosas, bebidas al público. Y esa misma libertad es la que debieran tener quienes quisieran crear otra compañía que quisieran crear otra gaseosa o cualquier producto que se desee introducir al mercado.

No se si alguien pueda experimentar falta de libertad porque no puede volar, porque no puede escapar de su cuerpo o porque no se puede teletransportar al momento de desearlo. Al final nuestro mismo cuerpo y lo que necesita para sobrevivir es una limitante, pero no se puede decir que las tales sean las responsables de robar la libertad al individuo. De tal cuenta no se puede argumentar que la libertad se limita a lo que se puede consumir, pues para cada deseo o necesidad que quiera satisfacerse existirá una cantidad finita de opciones con que hacerlo. Piensa que, a diferencia de tiempo atrás cuando el medio de transporte más popular era andar a caballo, no se es más libre ahora que se tienen autos, motocicletas y aviones, solo hay más oferta para cubrir la necesidad y los deseos de transporte.

Quienes sí suelen limitar la libertad que tenemos son los gobiernos con leyes estúpidas, mercantilismo y proteccionismo, entre otras cosas. Evitarlo es la libertad por la que se debería luchar.

Volviendo a Carlin, una de sus citas dice: “It isn’t fair: the caterpillar does all the work, and the butterfly gets all the glory” (No es justo: la oruga hace todo el trabajo, y la mariposa se ​​lleva toda la gloria). ¡Vaya si creó buen material! Por eso me agrada todas las veces que me invitó a pensar y no dudo que seguiré disfrutando del trabajo que dejó, que aún no conozco. “Last Words” se llama su libro autobiográfico, libro que ahora mismo está en mi bandeja de compra para mandarlo a traer. Casi estoy convencido que lo haré, pero qué terrible sería aceptar que mi libertad se limita a decidir comprar o no comprarlo y que si el autor no lo hubiese escrito no tendría libertad en absoluto al no contar con la opción. Lo cierto es que el comediante contó con la libertad suficiente y la aprovechó, para crearlo y ofrecerlo… Yo solo decidiré si quiero leerlo o no.

Saludos

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