Agua y aire

AguayaireEra de los pocos catedráticos que se desvivía por hacer de su clase una experiencia que fuera más allá de contar a sus alumnos lo que el libro de texto decía. Aquella mañana tocaba en turno aprender cómo la molécula del agua está conformada por dos átomos de hidrógeno y uno de oxígeno; los distintos estados que puede tener, siempre alegrando la enseñanza con graciosos ejemplos; y de la cantidad de ella que cubre el planeta. Por último nos explicó lo indispensable que resultaba para que existiera la vida en la Tierra. Disfrutaba mucho de su clase, posiblemente por la pasión que ponía al enseñar, sobre todo cuando eran cosas que él mismo calificaba de sorprendentes.

En otra ocasión, aquel chaparro y casi calvo profesor cuya facha tenía más que ver con el entusiasmo que le caracterizaba al enseñar que con su puesto de coordinador, nos habló del aire. Contó que estaba compuesto por nitrógeno y oxígeno; que se mantenía sobre la tierra gracias a la fuerza de gravedad; y, aunque parecía obvio y claro para todos, habló de la propiedad que tiene de no podérsele ver, pero en cambio sí sentir; y de las catástrofes naturales que le tienen de protagonista. Por último, con igual pasión, nos explicó lo indispensable que resultaba para que existiese vida en la Tierra.

No lograría hacer un recuento de las veces que me han asegurado que la inversión más importante es aquella que se hace en la educación de los niños, dado que éstos son “el futuro del país”, o de la sociedad o del planeta, haciendo énfasis en la última palabra, buscando quizá la que parezca más dramática en ese momento. No hay forma de poder contradecir tal afirmación. Muchos de los infantes de ahora escribirán gran parte de la historia en los años que están por venir (como la escriben ahora en su papel de niños) aunque, como siempre ha sido, pocos realizarán cambios reales y sustanciales y pocos, quizá menos aún que los primeros, serán aquellos que dirijan a las grandes masas, porque dudo mucho que las grandes masas dejen de existir.

Extremadamente frugal y poco ambicioso es pensar que nuestra tarea más importante es la educación de los jóvenes y niños si para ellos lo más importante, cuando sean adultos, será educar a los jóvenes y niños de su generación.

Puedes estar interesado en el medio ambiente y enfocar tus esfuerzos en la siembra de árboles. Quizá te interesen los animales y hagas por rescatar a algunos de ellos o por hacer campañas para que no maltraten a las mascotas. A lo mejor a ti se te da por llevar juguetes cada diciembre porque te gusta ver la sonrisa en los niños que los reciben. Cualquiera que fuera, yo no podría acusarte pensando en que cómo puedes interesarte por éste tipo de cosas, siendo que hay lugares en donde la gente muere de hambre. No puedo intentar hacerte sentir mal cuando llevas payasos, música y alegría a lugares de ancianos, siendo que hay lugares donde no tienen para comprar medicina.

Estoy convencido que es importante educar a jóvenes y niños, pero no puedo tomar eso de excusa y enfocar en ello todo mi esfuerzo, siendo que hay una generación actual, la de ahora, la que formamos nosotros, los del presente, los que tenemos que entender el mundo en el que estamos.

Quienes estamos escribiendo ahora mismo la historia somos los que debemos entender la responsabilidad de nuestros actos y aceptar que cada uno de ellos tendrá consecuencias; entender que debemos producir para tener, aceptar que todo aquello que se exige y se demanda sale de algún lugar y que nuestra reclama de “justicia” no siempre es tal. Muchos de nosotros también somos el futuro, ya sea uno mediato o a largo plazo, según edades y circunstancias de la vida, y por lo mismo no podemos “descansar” en que nuestro papel está hecho y solo toca esperar lo que las nuevas generaciones hagan.

Aquel pintoresco profesor no hubiese podido contestar qué era más importante para que existiese la vida, si el agua o el aire, y cualquiera, hoy en día, no podría tampoco determinar una prioridad: el ser humano, tal como es, necesita aire y agua, entre muchas otras cosas, para poder vivir.

Buscar aquello que apasiona y trabajar en ello de forma dedicada para obtener grandes resultados, según esfuerzos, objetivos y planes, o pequeños resultados que de a poco vayan sumando, está bien. Pero no lo está si se piensa que la tarea que uno realiza es la más importante en menoscabo de todas las demás.

Saludos

PS. No supe qué era mejor, si llamar a éste texto “Agua y aire” o “Aire y agua”. La selección, al final, la hice por orden alfabético.

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