Desde Éfeso

Efeso2Acaso fue lo apacible del clima templado del mediterráneo, pero en un lugar como Éfeso, con tan marcados contrastes entre estaciones, y los poco menos de dos mil años ha, de aquel hecho, complica saber si fue tan agradable e inspiración suficiente –o si al menos tuvo algún grado de injerencia– para la elaboración de aquella carta. A lo mejor fue solo la cortesía de responder las dudas de la iglesia de Corinto, pero –difícil apreciarlo de otra forma– con el deseo de contestar sin contestar o quizá con la intención de confundir, lo que, un genio de la retórica y la demagogia como aquel, justificó con aquello de que nada de lo que enseña está respaldado en la sabiduría del hombre sino en el poder de dios. Librando, con sus palabras, de culpa alguna a todos, pues de no entender es que el poder no fue suficiente y nada hay que intentar comprender.

“Vender piedras en el desierto” dícese de aquel vendedor capaz de realizar su tarea a cualquier costa. Acaso, Pablo fue de los más grandes. Porque ha vendido lo que no existe, ni siquiera en pensamiento. De tal que muchos esperan lo que ojo no vio, lo que oído no oyó y lo que nadie ha deseado. Dicho de otra forma vendió la vida como es: vendió lo cotidiano de existir. Porque constantemente, al adquirir conocimiento, se ve y se escucha de cosas que no se sabían; porque muchas veces se encuentran cosas que no se soñaba que existiesen o que alguien las hubiese creado y las tales son; porque incluso hay descubrimientos que son accidentes y que resultan mucho más beneficiosos de aquello que el investigador anhelaba. Pero nunca ha sido condición para la vida que tales cosas sucedan sí y solo sí se ama a dios.

Dado el manejo y la habilidad de convencimiento de Pablo para con las masas, pensar que vendía la cotidianidad de la existencia de cualquiera es restarle mérito, ya que el contexto sugiere que todo aquello “preparado” está a la espera de ser visto o conocido. Primero porque es exclusivo para quienes aman a dios y, como vimos antes, lo mismo pasa a creyentes y no creyentes, o a los que aman, a los que no aman y a los que no tienen a quien amar. Segundo porque al seguir leyendo queda claro que dios ya ha revelado qué son esas cosas a quienes han recibido el espíritu que proviene de él, y nadie ha probado hasta ahora que pueda anticipar que se le venga algo, en su mediato futuro y en éste existir, que ni siquiera haya deseado, y es que una vez que lograra visualizarlo habría “entrado en corazón de hombre” con la consecuencia de que tal porvenir sería modificado a uno mejor.

Pablo vendía esa vida en un futuro incierto –que muchos sin prueba alguna sostienen que existe– que viene después de la muerte. No habría pues riqueza, ni placer visto que se pueda comparar a la recompensa que dios tiene preparada para quienes le aman, tampoco podría alguien compartir el conocimiento sobre una riqueza o placer tal que pudiera compararse a la magnificencia del premio que aguarda –Porque aunque no lo dice se asume que son cosas buenas–. Y, la genialidad digna de destacar en esas palabras: no se puede imaginar o tener una noción de lo que será. Solo queda claro que una vez imaginado o deseado, esa idea se queda corta respecto a lo que es –¡Sobresaliente!–. La venta de algo que saber qué es, pero que es mejor que cualquier cosa que se pueda concebir. No obstante están reveladas. Hay escogidos que ya las saben. Quizá es que tienen prohibido revelarlas, porque si lo hacen muchos hombres oirían de ellas y muchos las desearían y el 2:9 dejaría de existir: ¡Vaya contradicción en el 2:10!

Pablo, con aquellas palabras, vendió también la fórmula. Del pecado original hablábamos y por cuanto todos (y todos son todos sin importar edades) pecaron y están destituidos de la gloria de Dios. Mi interpelado buscaba una explicación a tamaño injusticia. Que un dios de amor decida crear seres con la carga de un pecado original del que no hay culpa, para ser servido por criaturas que le son insignificantes y demandar amor so pena de quemar a su creación eternamente, no hace señal de inteligencia ni de buen juicio. Pero así justificó y enseñó aquel cuestionado: no es con sabiduría humana que podrás entender y quizá (acaso dudaba de la revelación que le daban) es que en la preexistencia (la existencia antes de venir como seres humanos a la tierra) hicimos algo tan grave (de ahí el pecado original) que incluso nos es borrado de nuestras memorias y venir acá con la oportunidad de ser salvos es una gran muestra de amor y misericordia (siendo que misericordia hubiese sido no habernos creado).

Lección aprendida:

1a Corintios 2:9
Antes bien, como está escrito: Cosas que ojo no vio, ni oído oyó, ni han subido en corazón de hombre, son las que Dios ha preparado para los que le aman.

Todo se puede justificar acreditando absurdo a la razón humana e inventando cualquier historia.

Saludos

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