Cuatro años

CuatroAñosMe cuesta aceptar que exista alguien a quien pueda calificarse de escritor humilde, no en el sentido de su condición económica porque eso se da fácil si alguien decide tomar las letras como su principal o única profesión, sino de alguien que rehúse a reconocer sus logros, su capacidad y que actúe sin orgullo. Quienes escribimos, como mínimo, tenemos que tener la certeza de que poseemos algo interesante y/o importante que contar, también creemos que a alguien más le puede interesar lo que digamos y estamos convencidos de que contamos con la habilidad y conocimiento suficiente para poder abordar y plantear un tema.

Claro está que hay quienes disfrazan el ego de humildad, cosa de ganar adeptos, pero eso es otra historia. Despreciable.

Pasa en todas las profesiones, por ejemplo, por más que un jugador de fútbol insista en que lo importante es ganar y que trabaja para el equipo, lo cierto es que quienes destacan tienen mucha confianza en sí mismos para atreverse a hacer “cosas distintas” o el artista que cuelga sus cuadros en las paredes del salón de una exposición, por más humilde que considere su trabajo, sin duda cree lo suficiente en él como para animarse a exponerlo. En ninguna profesión es el “humilde” quien llega a destacar. Hay que creerse las cosas para poder actuar.

Hace unos días una persona me preguntó sobre mi ateísmo, etiqueta que detesto pero que resume mi falta de creencia en una deidad que nos creó, nos vigila todo el tiempo y premiará o castigará, según nuestro comportamiento, por toda una eternidad, y digo detestarla no porque me parezca malo el concepto, sino porque no comparto el deseo de agrupación o la necesidad de sentirse parte de “algo” para tranquilidad del ser. No es la primera persona que me pregunta, pero casi todas obedecen al mismo patrón:

─¿En serio? ¿no crees en dios?

─No, no creo que exista.

E inmediatamente surge una risa, la mayoría de veces, burlona. Solo una vez contesté que yo también podría reírme de la misma forma de una creencia que no tiene fundamento más allá del deseo de creer, en las otras me he abstenido. Luego las preguntas surgen por todos lados, que si creo que venimos del mono, que entonces quién nos hizo, que cuál es el propósito de nuestra existencia, que cómo puedo no ver a dios en la naturaleza, o una de mis favoritas: que cómo pretendo tener la capacidad intelectual para entender lo que dios es.

Entonces mi respuesta siempre es la misma: “Te sigo contando siempre que estés dispuesto a escucharme y no te ofendás con lo que pueda decirte”. Por mi parte comprendo el morbo que ha de despertar en un creyente el encontrarse frente a alguien que desestima algo que él considera normal y natural. De la misma forma me gustaría que comprendieran que no estaré dispuesto a decir cosas “disfrazadas” por no hacer sentir mal a alguien. Mi petición, cabe aclarar, es absurda. Anticipar la ofensa no hará que ésta no haga efecto, como avisar que se dará un golpe no hará que duela menos, pero aceptan la condición y, una vez hecho, deberían de entender que si preguntan del tema hay mucha probabilidad de que se sientan, al menos, incómodos con alguno o varios de los argumentos que expondré.

¿Por qué escribo en el blog? es otra pregunta que suelen hacerme, aunque no tan constantemente como la anterior. Y la respuesta es que lo hago porque soy un egoísta.

Escribo porque hay temas que me son interesantes para discutir. Porque estoy convencido de que ahí, del otro lado del monitor, hay opiniones y conocimiento muy valioso que quizá llegue a mí a través de éste medio y refuerce, complemente, enriquezca o amplíe lo que yo conozco o, en el mejor de los casos, que me haga salir de alguna equivocación. Como egoísta busco compartir mi punto de vista para que juntos podamos beneficiarnos con lo que cada uno de los que hemos participado y participaremos acá, aportemos.

Ayer éste blog cumplió cuatro años desde la primera publicación. Vaya que ha cambiado de lo que originalmente fue. Acá la diferencia es que nadie hace la pregunta inicial, tampoco hay advertencia, para quien tiene a bien leerme, de que pudiera o no gustarle lo que pienso sobre algún tema (de todas formas parece que he ofendido a algunos, sus comentarios e insultos lo han demostrado). Acá me han corregido, hemos discutido, me han aclarado, he sugerido y han hecho lo mismo conmigo. Si me preguntan contesto y si se decido por un tema opino de ello.

La aventura de este sitio ha sido para mí harto placentera y aún considero que hay cosas interesantes sobre las que puedo compartir, así que voy a por el quinto, sin advertencias y con la intención de comentar de todo aquello que se pueda discutir, incluso, si se da el caso, de mi no creencia.

Saludos

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