Como si tuviera la razón

lectureDe la clase de Seminario que recibíamos los sábados por la mañana recuerdo casi nada: una de las pocas cosas es que me enseñaron que en la introducción de cualquier trabajo, esto después de redactar veinticinco veces la que presentaríamos, no se escribe: “en este trabajo…” porque al ser introducción del mismo  es obvio que de eso se hablará. También me viene a la memoria que practicaba a exponer con tarjetas de ayuda qué tenían dibujos y gráficas en lugar de palabras, para procurar observarlas lo menos posible. Luego estaban las actividades que hicimos fuera del colegio: las encuestas en colonias y colegios en donde el tiempo más se iba en bromear y molestar con los amigos que en averiguar del tema, y los ensayos que realizamos por distintos lugares (¿Había necesidad de ir a un restaurante en Amatitlán a ensayar la exposición?).

La clase era la más estricta y si no recuerdo mal solo estaba permitido faltar un sábado al año, siempre que fuera ausencia justificada. Uno de aquellos días falté convencido de que no estaba cometiendo ninguna falta grave. El curso era impartido por el director del instituto. Cuando me vio el lunes siguiente me llamó y me dijo que yo estaba en serios problemas, que me sacaría de Seminario y que por ende perdería el año.

—Lo que pasa es que estaba enfermo, no podía asistir a clases así —le dije sin titubear.
—Pero usted sabe las reglas.
—Las reglas no pueden anticipar cuántas veces se enfermará uno en el año.

Se me quedó viendo pensativo.

—Deme la constancia médica.
—No tengo.
—Si no tiene perderá Seminario.
—Entonces —contesté algo enérgico y de malas— le conseguiré una, pero sepa de antemano que será falsa, porque yo por una gripe no voy al médico.

“Lo único seguro es la muerte”, suele decir alguna persona en una charla cualquiera a lo que todos asienten con gesto de quien medita en los misterios del universo. Tal afirmación no es cierta. Hay otras cosas que son seguras, por ejemplo, es seguro que la ley de gravedad existe como también lo es que uno más uno suma dos.

Tengo la tendencia a hablar como que si lo que digo es la verdad absoluta, no es casualidad, ni me disculparé por ello (y creo que nadie debería de hacerlo), las cosas que digo, las digo con la creencia de que son ciertas, porque dedico tiempo a sustentar mis argumentos, aunque entiendo que puedo estar equivocado. Y así mismo afirmaré desconocer o dudar de algo cuando sea el caso, aunque eso no evitará, en la mayoría de casos, que emita mi opinión sobre el tema. No puedo en cambio ir excusándome y siendo condescendiente con mis propias creencias para dar lugar a que quien piensa distinto no se sienta invadido en su derecho a tener su propia opinión. Si la tiene, y cree que es buena idea entablar discusiones para enriquecer el conocimiento, que las defienda. Digo comúnmente que yo siempre tengo la razón hasta que alguien me demuestre lo contrario, y celebraré cada vez que me hagan darme cuenta de que estaba equivocado, porque detesto la idea de vivir con creencia en cosas falsas.

Se puede malinterpretar como petulancia, arrogancia o altanería, me ha pasado y no dudo que me seguirá pasando, pero poco respeto me inspira alguien que afirma tener una creencia abriendo en su mismo discurso la posibilidad de estar totalmente equivocado porque todo es relativo, porque no lo podemos saber todo o porque lo único que es seguro es la muerte.

A la entrega de notas finales no asistí. Mi padre me comentó que se había juntado con el director del colegio y éste le había contado la anécdota de la constancia médica: “Me gustó, porque fue sincero y defendió su postura con un argumento lógico, por eso no lo saqué del Seminario” fueron mas o menos sus palabras.

Sonriente recuerdo aquel momento como la lección más valiosa que obtuve de aquella actividad que concluyó con una conferencia, en el salón de un hotel lleno de familiares, a la que nadie prestó atención.

Saludos

3 comentarios en “Como si tuviera la razón

  1. Me recordo varios maestros “estrictos” que tuve, y tambien el seminario del colegio, al que, cabal como decis en la presentacion nadie puso atencion, menos uno; un reconocido profesor que fue invitado al evento, porque era familiar de un compañero del grupo; fue el profesor Ruben Alfonso Ramirez

    Saludos

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