Ver o no ver

el-ojoEra una noche, contrario a la mayoría, bastante tranquila en casa. Casi todos veían televisión en la habitación principal a excepción de mi madre que preparaba la cena y yo que me encontraba tendido en cama leyendo el libro: Pies de Ciervas en los Lugares Altos, quizá la alegoría más famosa de la vida cristiana después de El Progreso del Peregrino.

Me encontraba emocionado y conmovido. En ese entonces sentía que mi vida como cristiano no avanzaba hacia ningún lado, cosa que era cierta y que siempre lo fue, pero que yo me negaba a aceptar, y buscaba algo que me explicara o que me hiciera entender mi papel en la vida. En ese momento leía un capitulo en donde Miedosa, la protagonista de la historia, tiene que caminar, guiada y apoyada en nada más que la confianza que tiene en quien la invita a ascender a lo más alto de aquel lugar y la va cuidando, aunque hubiese sido más fácil que la tomara de la mano, por un camino que no ve a causa de lo espeso de la niebla. Dicho camino se encuentra, como menciona el título del libro, en una especie de montaña, peñasco o similar… un lugar alto, lo que hacía que ella, que de por sí su nombre la condenaba a andar por la vida con temor hacia todo, lo sufriera aún más por la posibilidad de caer con cada paso que daba. El incómodo trayecto para ella termina cuando da un giro, siempre sobre el camino, y se encuentra con un paisaje despejado, como si la niebla hubiese desaparecido por arte de magia, o, para estar más en contexto, como por un milagro. El mensaje para mi estaba claro.

Mi madre acostumbra tener la despensa de su cocina en la tienda de la colonia. Cada que necesitaba algo pregunta a quien le toca hacer el mandado y hacía el pedido. Algunas noches hubo que ir hasta cuatro veces por alguna cosa para completar la cena. En esa ocasión preguntó desde la cocina y sin la acostumbrada rezonga, por el buen humor que tenía después de leer aquello, acepté de buena gana ir a buscar lo que requería.

Salí contento de casa, di vuelta en la esquina, pase por un campo de basquetbol, luego me tocó pasar junto al de fútbol, fue hasta entonces, por la mala costumbre que tenemos la mayoría de ir viendo hacia abajo, que noté que estaba nublado. No pude evitar sonreír. Contemplando aquello llegué y entré a la tienda. Tengo presente el corto diálogo:

—Buenas noches, me regala un sobrecito de café La Jarrillita.

—Acá está —Me respondió y extendió la mano.

—Gracias! —Le dije mientras le entregaba el dinero que llevaba cabal y salí.

Cuando estuve afuera noté que la niebla había desaparecido.

Seguramente han recibido por correo electrónico, visto en alguna página de Internet o en Facebook, que es lo que más se usa ahora, y leído sobre cómo el ojo no necesita que las letras estén en orden para poder leer las palabras, sino que basta con que la primera y última de ellas sea correcta. De tal cuenta no deberías de tener problema leyendo esto:

Sgeún las ivnseitgaciones
relaizdaas por una
unvireisadd birtácnia, no
ipmrota en qué oredn lees
las ltears de una plabara.

Satisfechos vemos con agrado que somos capaces de “pasar la prueba” y nos maravillamos de la forma en que trabaja nuestro cerebro ayudado por nuestros sentidos.

Trata ahora de leer ésto:

La enmore sbudia de los
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Un mcdiéo atdmie el
hioiimcdo ioainvlntruo de
un pcntaeie de cnceár al
que rcteeó un fáarcmao
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Resulta ser más complicado, porque el ordenamiento de las letras ha cambiado y las palabras no son tan comunes. La afirmación de que basta con la primera y última letra resulta no ser del todo correcta y según la fuente que consulté, no ha aparecido ninguna universidad británica que respalde el descubrimiento.

Pasa que con una pequeña prueba de algo y un texto cuya redacción parezca seria, solemos tomar las cosas como ciertas, como una verdad difícil de contradecir. Detrás de una pequeña curiosidad, se puede crear una gran historia que, con minúsculo respaldo, si es que lo hay, se tiende a dar por veraz.

Hay un video de Neil deGrasse Tyson en donde habla del fin del mundo en 2012. Cuenta que en efecto, como muchos afirman y toman como prueba de que tal fin llegará, el 21 de diciembre de éste año estará perfectamente alineado el centro de la galaxia, el sol y la tierra, lo que no dicen quienes hacen tal afirmación, es que esa alineación ocurre cada año el 21 de diciembre.

El ser humano es dado a creer y regularmente se conforma con muy poca información para respaldar dichas creencias.

Un milagro debería de ser algo que salga de lo normal, algo que viole las leyes naturales. No es un milagro que llueva, que aparezca neblina, ni que uno desee que no haya tráfico y que ese día en efecto no lo haya. Tampoco lo es que gane el partido político de tu elección, porque seguramente alguien más estaba esperando que fuera otro el victorioso. No es un milagro todo aquello que simplemente pasa, ni aquello que no se puede explicar, porque antes se consideraba un milagro, por ejemplo, un eclipse, algo que podía verse pero que no se entendía. Es el deseo de creer lo que lo hace parecer uno.

Aquella anécdota que compartí varias veces con creyentes, conmovió a varios, algunos llegando a utilizar la palabra: envidia, por el tipo de experiencia que yo había vivido. Luego se la compartí a un no creyente y le pareció risible el que hubiese relacionado un hecho natural y una coincidencia con una intervención sobrenatural. Ahora que no soy más un creyente aseguro que no fue más que eso, una coincidencia para la cual yo estaba predispuesto, fue aquello lo que quise ver. Y lo del libro y la descripción del camino nublado, un acierto del escritor, porque todos en la vida, más si se procura guardar los preceptos de una religión, sentiremos en algún momento (para muchos en todo momento) como que el camino y el lugar para el que vamos no está muy claro.

Los milagros perdieron sensacionalidad y los que parecen tenerla se han podido ir explicando con avances científicos o quizá la perdieron a causa de estos últimos.

Al final, en la mayoría de ocasiones, se ve lo que se quiere y se aprendió a ver, pero eso no hace reales las cosas.

Saludos

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Un comentario en “Ver o no ver

  1. Bonito artículo, el momento que viviste, lo viviste rico, de igual manera para los que creen, seguirán viendo y sintiendo los milagros de la vida, así también para los que no, serán pasajes normales del vivir diario.

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