¿A juicio de quién?

juicio No recuerdo el nombre de la película, pero tengo presente la escena en donde un adolescente se sienta frente a su escritorio, toma lapicero y papel, y comienza a escribir un ensayo respecto a lo que hizo en vacaciones. Desde entonces me cuestioné, a pesar de no tener muy claro el concepto, por qué a mí nunca me habían puesto a hacer un ensayo. Lamenté esa carencia educativa en los colegios en que estuve, que fueron varios. Por eso celebré cuando, en uno de ellos, me enteré de que cada bimestre había que realizar una maqueta de distintos campos de deportes, porque rompía con las tareas tradicionales. La primera que hubo que realizar fue la de una cancha de basquetbol.

Creo que fue de las ocasiones en que más esfuerzo le puse a una tarea, en aquel entonces la arquitectura parecía una buena opción para mi futuro, motivo por el cual, quizá, me entusiasmaba aún más la asignación. No disponía de mucho presupuesto pero me esforcé por conseguir materiales que me ayudaran a hacer un buen trabajo, por averiguar las medidas y por usar adecuadamente la escala para que el resultado compitiera por los primeros puestos, aunque, lamentablemente, aquello no era un concurso. La terminé un par de días antes de la fecha límite. La contemplaba constantemente y veía si existía algo que pudiera retocarle para que se viera mejor.

Lleno de orgullo y con mucho cuidado la llevé en el auto para la fecha de entrega. Estaba seguro que voltearían a verme mientras me dirigía al aula, y si no a mí, al menos al trabajo que había realizado. En efecto algunos me miraban, pero quizá era solo porque me atravesé en su camino. Cuando entré a la clase me tocó enfrentar la realidad. Mi maqueta, en efecto, era mejor que muchas otras que debieron tener un rótulo que dijera “hecha por compromiso”. Pero en cambio habían otros trabajos que, o fueron hechos con tanta o más pasión que la que yo puse, con más presupuesto o por algún adulto que sabía lo que estaba haciendo.

En el libro “El Manantial” de Ayn Rand, hay una escena en donde un arquitecto, Peter Keating, llega a pedirle al protagonista de la novela, Howard Roark, su opinión sobre el trabajo que ha realizado. La respuesta es sublime:

“—Si quieres mi opinión, Peter —dijo al fin— ya has cometido un error al pedírmela o al pedírsela a cualquiera. Nunca pidas opiniones a nadie, por lo menos acerca de tu trabajo. ¿Acaso no sabes lo que quieres? ¿Cómo puedes soportar no saberlo?”

Es algo muy común en los seres humanos que dudemos de lo que hacemos y de nuestra capacidad. De tal cuenta constantemente estamos buscando a personas que validen nuestro trabajo; que nos digan que lo que hemos hecho es bueno; que aseguren que tenemos talento; que con sus comentarios nos impulsen a seguir.

La misma necesidad existe en casi todos, por lo mismo, es muy difícil que alguien sea totalmente honesto cuando se le pide su opinión, en especial si hay algún vinculo afectuoso entre ambos. Aunque la principal razón es procurar no hacer daño, tanto en la relación como en la autoestima, quizá es que, en el fondo, no le gustaría que en un futuro le desmotivaran y por eso evita hacerlo.

Pero, más aun, hay que considerar a quién se le estas pidiendo la opinión. Keating, en la novela, se la estaba pidiendo a un gran arquitecto que sabía de lo que estaban hablando. Sí aun la opinión de un experto puede ser cuestionada, y no debería de considerarse como palabra santa, imagina cuando alguien que no tiene idea del tema da su punto de vista. Lo peligroso es que ya sea experto o no, sus palabras pueden alimentar el ego y crear la ilusión de que uno es bueno en lo que está haciendo, solo porque otro lo dice.

Tampoco es correcto aceptar que “si me gusta a mí, es bueno”. Lo que hay que hacer es convertirse en un conocedor, profundizar, investigar, aprender a mejorar y a analizar. El crítico más grande del trabajo propio tiene que ser uno mismo, pero debemos anhelar que dicho crítico conozca lo más que se pueda para que sus juicios sean valiosos.

No se debe ser condescendiente ni transigente con uno mismo. Hay que tener claro lo que se quiere e ir en pos de eso.

De haber sido concurso hubiera perdido. No obstante no necesito de la opinión de nadie para sentirme orgulloso del empeño que puse en aquella maqueta, ni para calificarla de “buena”. Y, más importante aun, no necesité de las palabras de nadie para aprender que mi visión tuvo que haber sido más amplia, para aspirar a ganar el primer lugar.

Saber leer la crítica, aprender de ella e interpretar la intención detrás de lo que nos dicen, es importante, pero esa no debe ser la medida que evalúe lo bueno o malo de un trabajo.

Saludos

4 comentarios en “¿A juicio de quién?

  1. ¿Como validación de lo bueno o malo de tu trabajo?

    Imagino que si son capaces de criticar el trabajo de su padre (no sus errores) es que se hizo una buena labor enseñándoles la importancia de desarrollar su criterio.

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  2. No estoy de acuerdo.

    En cuanto a decisiones personales —entendido como las decisiones que afectan tu vida— tenes razón, quién mejor que vos para saber si lo que has hecho está bien o está mal. Sin embargo, a nivel de aprendizaje para todo lo demás (que no es poco) me parece una actitud un tanto ingenua, porque asumís que vos sabes todo y lo cierto es que no podes. Tenes que investigar (que es prácticamente lo mismo que ir a preguntarle a alguien más) y experimentar (qué podría llevarte más tiempo por no querer preguntarle a alguien con más experiencia, ni garantiza que entendas mejor).

    Como diseñador gráfico puedo decirte que yo sé cuando un diseño gráfico está bien o mal porque me dieron un problema, lo investigué y propuse una solución. El conjunto de mis conocimientos me permiten decir “esto va a funcionar” o “a esto todavía le falta”, y hasta aquí coincidimos. Sin embargo, para continuar mejorando en lo que hago debo aprender de alguien más, si deseo mejorar mi conocimiento de fuentes (tipos de letra) debo acercarme a alguien con más experiencia y preguntarle si mi trabajo está correcto ¿Por qué? Porque mi conocimiento limitado puede evaluar el trabajo hasta un limite, las cosas que no he aprendido no las puedo evaluar, quizá ni sepa que existen.

    El criterio propio es deseable, la independencia de decisiones también, pero sobre todo debemos tener conciencia propia (lo que podemos hacer, lo qué no, lo que nos conviene y lo que no) para llegar a tener los primeros dos.

    Más sobre el tema
    Zona de desarrollo próximo (inglés)

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    1. Hace un tiempo platicábamos con vos y con Aroldo que no podemos pretender descubrir todo, pues si la humanidad tuviera que empezar desde cero en cada generación, no existiría realmente un avance.

      Hay fórmulas y técnicas establecidas para desarrollar determinados trabajos que ya fueron creadas y uno, si así lo desea, las aprende o no. Es difícil pensar, por ejemplo, en ser un arquitecto que no respete cuanto se ha aprendido de cómo funcionan las estructuras, la resistencia de los materiales, los tipos de suelo, el movimiento del mismo, etcétera (disto mucho de conocer algo de arquitectura). Hay cosas que se aprenden y se saben (dominan) o no. De ahí en más, cuando ya se domina dicho conocimiento, cada quien dirige su trabajo con criterio propio.

      Tampoco soy diseñador, pero tiene que llegar un momento en que logres determinar por qué estas escogiendo los colores, formas o lo que implique un diseño, que lejos de la técnica “aprobada” por todos, sea algo que te convenza a vos mismo porque “sabes” que está bien.

      Cuando buscas un resultado, vos sabrás los porqués, y podes llegar a tener el criterio y conocimiento necesario para que validez vos mismo las buenas acciones de tu trabajo.

      Claro que se puede seguir aprendiendo… a más conocimiento mejor podes determinar el punto hacia el que queres llegar. Con lo que no estoy de acuerdo es con que siempre se esté buscando dicha validación en la opinión de otros, porque uno tiene que prepararse lo suficiente (o sería el ideal) para que dicha valuación la realice uno con bases suficientes como para garantizar que “es bueno” y no por mero “capricho”.

      Los grandes escritores, por mencionar solo una profesión, en algún momento de su carrera llegan a reconocer lo bueno de su trabajo, basado en lo que aprendieron y en lo que buscaban y defienden sus puntos de vista por sobre “opiniones”.

      Un consejo y aprender más, es totalmente valioso, y es necesario.

      Buscar la validación en “opiniones”, sobre todo cuando quien opina no es un “experto” no tiene sentido.

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