La Importancia de Conocer

Conocimiento Me despertaba con ansiedad y muy nervioso. El físico no hay como cambiarlo y por el atuendo había poco y nada que hacer, las ventajas o desventajas de usar uniforme. A lo más que llegaba era a tratar de arreglar bien mi cabello, que en aquel entonces era más rebelde que ahora, se ve que los años lo fueron haciendo blando en su lucha a favor del mal gusto. Casi siempre llegaba tarde, entraba al aula con gesto de circunstancia listo para recibir la acusadora mirada de la profesora y corroborando si “ella” había llegado. No recuerdo que faltara ni una vez. Mi lugar estaba justo detrás de su escritorio. Contento, apenado y nervioso me dirigía a mi lugar. Y no, no se confundan: no lo recuerdo como aquellos bonitos recuerdos de la niñez. ¿A quién se le ocurrió que sentir “mariposas en el estomago” es algo agradable? Menos cuando no se tiene noción de lo que eso es. Todos los días pasaba por la misma intranquilidad.

En aquellas desagradables hora en que, por alguna razón que no recuerdo, nos dejaron solos en la clase, y los más grandes (yo sólo contaba con seis años cuando cursaba segundo de primaria) decidieron pasar el tiempo jugando a organizar parejas, a voz de: “A Juan le gusta María”, “A María le gusta Pedro”, entre gritos y risas, y así la cadena hasta que apareció mi nombre, yo quería desaparecer. Cuando me delataron, armado de valor, soberbia y orgullo propio, me paré de mi lugar miré hacia atrás (por aplicado estaba en la segunda fila) y con fuerza les dije: “sí, me gusta, ¿qué problema hay con eso?”. Unos rieron, otros, creo, se asombraron de mi reacción, pero nadie dijo nada, no porque no tuvieran que decir, sino porque antes de poder aprovechar la oportunidad, “ella” se puso de pié y dirigiéndose a mí y a todos dijo: “pero a mi usted no me gusta, ni me gustará nunca”.

Hace unos días vi el video de una conferencia dictada por Rebbeca Costa, llamada “Thinking Our Way Out of Extinction”. Según ella los problemas que tenemos, a nivel mundial, no son de tipo político o económico, sino que es algo “normal” debido a que los seres humanos estamos alcanzando el límite de lo que podemos manejar.

Asegura la Sociobióloga que toda civilización tiene sus bases en el conocimiento y las creencias. Que no existe una sola civilización que carezca de ambas. Cita como ejemplo, que es una creencia el pensar que cuando el semáforo da verde se puede cruzar sin peligro, o que si se deposita dinero en un banco, se podrá disponer del mismo cuando se lo precise. Esas no son verdades, son creencias, porque tales resultados no están garantizados. Sin embargo, cuando las civilizaciones están por colapsar, citando la historia de la Civilización Maya, empieza, el ser humano, a convertir en verdades lo que solo eran sus creencias y terminan realizando actos atroces, como el sacrificar recién nacidos para solucionar sus problemas. Ha de ser por eso que hoy en día abundan religiones y fe en todo tipo de cosas.

—¿Qué pasaría si alguien decide arrojar una serpiente hacia ésta audiencia? —Fue una pregunta que planteó

Imaginemos lo siguiente:

Reacción: La mayoría de personas, entre miedo y gritos, procurarían correr hacia la salida. ¡Gracias instinto de supervivencia!

Conocimiento general: Imaginemos que hay alguien que algo sabe de serpientes y que entiende que salir corriendo no es lo más correcto, éste procurará salvaguardarse pero sin histeria, quizá concluya que es suficiente con subirse a alguna silla, cosa de no andar a ras del suelo.

Conocimiento específico o profesional: Sí alguien de los presentes es un experto en el tema, podría determinar si la serpiente liberada en efecto puede causar daño y sugerir una solución más acertada. Si no fuera un peligro, aparte de no inmutarse, procuraría calmar a todos y si en efecto lo fuera, buscaría una mejor solución de acuerdo al comportamiento natural del animal.

La conferencista cita el ejemplo de la serpiente de otra forma y con menos opciones. El punto que procuro destacar es: cómo el cerebro regularmente reacciona en lugar de responder, porque esto último requiere pensar y para pensar se requiere conocimiento y para pensar concluyendo más acertadamente, mientras más conocimiento se tenga mejor.

¿Tendrá la humanidad el suficiente conocimiento y estará lo suficientemente madura como para evitar el colapso de la civilización? Es la pregunta que plantea la experta.

Adquirir conocimiento no es, o no debería, ser una carga. Cae por su propio peso el hecho de que mejores decisiones serán tomadas mientras más y mejor sepamos las cosas. Quizá no está en cada uno de nosotros salvar o cambiar el rumbo de la civilización, pero sí el procurar el rumbo de nuestra propia vida.

Aquella semana en el colegio fue fatal, no quería que me hablaran, mucho menos del bochornoso tema, pero lo cierto es que al día siguiente dejó de ser una preocupación para mí. Saber que no tenía esperanzas (aun no se cuál era mi propósito a esa edad) eliminó el problema.

No entiendo a aquellos que aseguran que es mejor no preocuparse por conocer; que es mejor dejar y aceptar las cosas como están; que creen por creer sin ponerse a razonar. O quizá sí lo entiendo: sin duda es más fácil sólo dejarse llevar y seguir los consejos de alguna “Querida Lupita”, y, como asegura Rebbeca Costa, buscan convertir en verdades sus creencias.

Saludos

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