Sensación de Libertad

Caminos Mis dominios solo estaban conformados por los pocos metros que comprendía la cuadra en donde estaba mi casa. En realidad era menos, porque antes de llegar a la esquina existía un túmulo que marcaba el territorio libre de regaño, ir unos metros más allá corría por cuenta y riesgo propio, so pena de cincho u horas de aburrimiento encerrado en mi habitación.

Mi casa quedaba en la rotonda del fondo, de frente un barranco al que daba gusto contemplar, acaso reflejo de lo espléndido de la naturaleza y lo peligrosa que es. Previo a la caída del mismo, existía una pequeña área de jardín que fue, casi toda, convertida en pista de obstáculos para bicicleta.

Mi cumpleaños había pasado hacía algunos meses, me habían regalado mi primera bici, una Californiana morada (no me acostumbro a decir purpura como enseñan ahora). Vale aclarar que yo no escogí el color, ni siquiera mi padre que fue quien me la regaló, pero su dueño anterior era una prima y bueno, a ella le pareció agradable el tono. Al principio fue emocionante, con el tiempo se tornó tedioso, el estar dando vueltas por la misma calle, las mismas banquetas y evitando los mismos, y muy escasos, obstáculos que existían.

Me armé de valor y hablé con mi padre:

—Creo que ya estoy grande y deberías de dejarme salir con mi bicicleta, más allá de la cuadra.

No se inmutó.

—¿Hasta dónde?

—A todas las colonias de por acá.

—Bueno, andá, solo regresá cada cierto tiempo para que sepa que estás bien.

Saber a qué se refería con: “cierto tiempo”, igual no me importó. Yo ya había arrancado, corriendo hacia afuera, cuando grité: ¡Gracias!.

Me subí a la “cicle” y pedaleé con fuerza. Crucé el túmulo y por primera vez no sentí culpa (miedo) por hacerlo. Al llegar a la esquina me tocó tomar la primera gran decisión: ¿a la izquierda o a la derecha?

Fui hacia la derecha. Nuevas calles, nuevas banquetas, nuevos obstáculos, más autos, más gente, más lugares curiosos… Solo conocía algunos de ir caminando a las tiendas, pero no es lo mismo. Respiraba libertad, iba a donde quería, me metía por donde podía, no paraba de pasear, hasta que quedaba exhausto.

Ayer por la mañana hice mi, ya acostumbrado, recorrido rápido por Twitter: paso sin leer casi todos los tuits, pero me detengo en los de ciertos tuiteros que regularmente me agrada leer. Entonces aparecieron varios haciendo mención a la cuenta @LibreXpresionGT …. Libre + Expresión + Guatemala… tenía que ser bueno.

Leí la descripción de la cuenta y me encontré con esto:

Tu decides el tema de hoy! Propone alguno! De los primeros 5 que recomienden, se seleccionará el mejor! Hablemos de lo que sea!”

Me vinieron algunas preguntas a la mente: ¿Quién decide cuál de esos temas es el mejor? ¿Querría perder mi tiempo hablando de lo que sea? ¿Twitter con reglas sería lo que es ahora?

Imaginé que existieran algunos temas propuestos como: ¿Qué se entiende por política de mano dura?; La necesidad del ser humano de creer en cosas que no puede comprobar; la fuerza de los desastres naturales y los efectos en la estructura del país…. y ¡Zaz! Que quien decide, seleccionara el tema: “Lo que Pokémon representa en tu vida”.

Twitter es una herramienta muy valiosa porque dentro de ella se respira libertad: sigues a quien quieres y te sigue quien quiera (siempre que no haya candado). Comentas del tema que quieras, hablas de lo que se te venga a la mente, le contestas a alguien, si quiere te contesta o te ignora. Y con el tiempo, y esto es lo genial, haces comunidad. Y aunque no conozcas físicamente a las personas, sientes como que así fuera. Sabes con quienes tocar ciertos temas, sabes más o menos qué esperar de cada uno y te entretienes, informas y ríes según tu buena o mala selección de tuiteros a los que sigues.

Los temas del día aparecen solos, no necesitamos consensos, no necesitamos guías. Vas, vienes, dices, callas y aportas si quieres y cuanto quieras. Al final la afinidad va cerrando o abriendo tus círculos.

Es de esa forma que se empiezan a cerrar las comunidades, con la creación de reglas en donde no tienen que existir.

Quizá me consideres exagerado, pero luego ese principio aplicado cada vez a mayor escala nos limita la libertad y terminamos aceptando y dando como correcto aquello de que: se debe de hacer lo que la mayoría decida. Y claro, en este caso particular basta con no seguir la cuenta, pero hay situaciones que son harto más complicadas.

No debería de existir un paseo en bicicleta que no vaya acompañado de una sensación de libertad.

Esa sensación de libertad debería de existir en todo lo que hacemos.

Es uno mismo quien debe decidir si dirigirse a la izquierda o a la derecha.

Saludos

Un comentario en “Sensación de Libertad

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