De Jekyll, Hyde y la libertad

Jekyll y Hyde Suelen solicitarme que recomiende libros. Aunque creo que casi nunca llevan a cabo la lectura de mi sugerencia, procuro hacer un esfuerzo por tratar de recomendar algo que me haya gustado y que a la vez me parezca que la persona que lo requiere, pueda disfrutar, o al menos terminar, que para estos lares ya es bastante. Quizá el libro que más he recomendado es la genial creación de Robert Louis Stevenson: “El extraño caso del Dr. Jekylll y Mr. Hyde”. No es muy largo, la historia es entretenida y de buen ritmo, y es una excelente fuente de temas para discutir: la dualidad del ser humano; acaso el diálogo interno que mantenemos con nosotros mismos; el conflicto interno de la lucha entre el bien y el mal, etc.

El ser humano tiene la capacidad de tomar sus propias decisiones de forma individual. Cada quien es dueño de su albedrío. No obstante platicaba con una persona que sostiene que eso no es cierto, que no somos seres realmente libres, porque nuestro marco de acción es limitado. En la charla citamos el ejemplo de una joven deportista que ha tenido mucho éxito, yo le decía que ella, seguramente en lugar de dedicar sus horas al ocio, habría enfocado muchas de ellas en perfeccionar su habilidad. Él en cambio me dijo que habría que revisar las influencias que ella tenía: podría ser que, por ejemplo, uno de sus padres fuera deportista y que éste la motivara, que la influyera o que incluso la obligara durante su infancia a dedicarse y que la muchacha en cuestión no habría podido contar con su libre albedrío para hacer lo que en realidad quisiera. Si tal situación fuera cierta, sigo sosteniendo que ella contaba con la opción de esforzarse o no, de aprender o no, de destacar o no… al ser hipótesis, no sabríamos las consecuencias de su falta de éxito, pero la probabilidad indica que no porque se le exija a alguien, ésta persona habrá de destacar en determinada área.

Nuestra capacidad de elección es limitada. No podemos actuar más allá de la realidad. Siempre hay, como mínimo dos opciones: actuar o no hacerlo. Nuestro libre albedrío influye por completo en la forma en que actuamos, es decir, en el momento mismo de la acción, cuando se tienen de frente el número de opciones posibles (las imposibles no cuentan, por más que insistan en que si se puede soñar se puede lograr), no así en el resultado de un proceso o en la suma de varias acciones.

No depende del libre albedrío el que alguien se convierta en un doctor exitoso, en un periodista reconocido, en un escritor famoso o en un artista de renombre. Eso depende, en primera instancia, de las acciones que el interesado tome, las oportunidades que busque y que encuentre, y a eso hay que sumarle un sinnúmero de variables que escapan al control individual: una catástrofe natural que cambie el ambiente de desarrollo; coerción por parte de gente con grado mayor de poder; falta de capacidad del individuo; enfermedades; influencia familiar, aunque ésta no busque la interrupción de la meta intencionadamente. La lista podría continuar hasta hacerse bastante extensa.

El autor nunca comparte los placeres de los que disfrutaba el señor Hyde, pero está claro que eran los que el Dr. Jekyll no podía disfrutar porque había limitado su libertad a un marco de acción más pequeño. La familia, la religión, la sociedad, la moral generalmente aceptada, e incluso la misma percepción de lo que es y no es correcto, habría restado opciones a la vida del doctor, al menos algunas de esas causas, porque no queda explícito.

La búsqueda de un código de valores ad hoc a lo que deseamos en la vida, que en lo posible no limite la, ya de por sí bastante limitada, libertad de acción, es algo en lo que vale la pena meditar.

El mundo es una enmarañada cantidad de opciones que pone a disposición, pero de las consecuencias de decidir por unas u otras, solo unas cuántas son las que quedan totalmente en nuestras manos. Esas deberíamos de aprovecharlas al máximo y procurar que cada vez sean más.

Saludos.

PS. Si no han leído el libro, vale la pena que lo hagan.

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