Nosotros los impostores – Leila Macor (aka @leilatxu)

Nosotros los impostores Por alguna razón cuyo origen aun no logro determinar con claridad, siempre he disfrutado realizar planes, que no digo que los haga bien ni mal, sólo que los hago. No los escribo, solo juego con la imaginación. Para cuando me enteré del nuevo libro de Leila, el que titula este post, estaba al tanto de que visitaría de nuevo, por algunas semanas, Montevideo. Claro está, hice mi plan.

A la primera oportunidad que tuviera iría a un centro comercial a comprar el libro. Por la cercanía del hotel sería al Montevideo Shopping. No iría a 18 de julio porque de tantas librerías de nuevos y usados, seguro que salía con muchos libros y había que diseminar las compras en el tiempo que tardaría mi visita, cosa de disfrutar ese placer por más horas. Una vez lo tuviera en mi poder le escribiría a Leila por twitter, sería un “mention” porque hace algún tiempo me seguía pero no lo hace más (no es su culpa, mis twits nunca fueron muy buenos y cada vez han perdido más calidad). En el twit le pediría que me siguiera sólo por un momento, para poder hablarle por “direct”. Ya que aceptara le mandaría algo como esto (en el poco uruguayo que sé por aquello de: a donde fueres has lo que vieres): “¿Sabés que ando de visita en Montevideo? Pues eso y aprovechando que, si te acordás que te lo mencioné, me gusta mucho lo que escribís, quisiera saber si existe la posibilidad de poder encontrarme con vos, para que pudieras firmarme tu nuevo libro que ya compré y me parece bárbaro, y el de antes que fue y vino desde Guatemala conmigo buscando ser distinto del resto”.

Cierto es que ya tengo el gusto de conocer a escritores como Ronald Flores, Víctor Muñoz y Francisco Pérez de Antón, pero conocerla a Leila me hacía ilusión por conocer a una escritora de fuera, que lo es por partida doble, porque es venezolana pero a mi me parece que muy uruguaya, y porque admiro su trabajo. Era de aprovechar la oportunidad.

Ya en Montevideo fue hasta el fin de semana siguiente que compré el libro, fue en el otro Shopping (porque sólo son dos los famosos) el Punta Carretas, que antes fue una penitenciaría. Luego llegó el momento de escribirle a Leila y entonces la razón me lo impidió.

Quizá es que uno imagina que los escritores van de café en café todas las tardes con sus amigos y libros y que cuando pensé mi plan creí que a ella no le costaría nada que yo llegara hasta la cafetería que me indicara y la interrumpiera no más de dos o tres minutos, sólo lo suficiente para que me diera tiempo de explicarle también qué es Guatemala, por si se volvió tan uruguaya que como tantos de allá lo único que conoce de nosotros es a Arjona. Pero claro, pensé, qué necesidad tendría ella de dedicarme esos minutos, qué ganaría… concluí que seguro que me dice que no… y al final el libro se juntó al primero, ese que solo me hizo peso en la maleta de título: “Lamentablemente estamos bien”.

Ayer terminé de leer “Nosotros los impostores”, lo disfruté mucho. No voy a hablar de la irreverencia del texto, demasiado cliché… diré que Leila no sólo sabe escribir, sabe observar… y observando cómo los seres humanos nos comportamos tendrá suficiente material para escribir por mucho tiempo y mejor si lo sigue haciendo a su manera, esa que tanto me hace meditar y reír al mismo tiempo.

En el review de su libro anterior me tomé el atrevimiento de copiar una buena parte de él, porque entonces me fue difícil tratar de transmitir lo que pensaba de sus relatos. Ahora me pasa similar, les dejo una parte, ahora más corta, cosa de que Leila no se moleste con éste blog.

La vergüenza altruista

Andaba distraída por la calle, con la actividad neuronal en piloto automático, cuando escuché un efusivo saludo: ¡Peeero! ¿Cómo andás?”.

No tenía idea de quién era. Hurgué en el pasado, como quien hojea un libro a toda prisa, en busca de algún indicio sobre la identidad de esta mujer que me había abordado con tan humillante cariño.

“Eh… ¡Bien! ¿Tú?”, atiné a contestar, todavía intentando poner los pensamientos en orden. “Bárbaro, ¿vos?”, preguntó a su vez, devolviéndome la pelota. Difícil responderle. ¿Desde qué momento de mi vida debía ponerla al día? ¿Qué año? “Y… igual, en la misma”, dije, precavida, tras lo cual ella preguntó detalles sobre mí como para demostrarme, ostentosamente, que en efecto me conocía.

Intrigadísima, decidí redoblar la apuesta y largué: “Hace tiempo que no nos vemos, ¿no?”, esperando que la extraña me dijera cuándo, dónde y cómo fue nuestro último encuentro. Pero no resultó. “Es que con los niños ando como loca”, fue todo lo que dijo. Entonces me rendí al absurdo y le pregunté por ellos en términos genéricos, haciendo menciones como “que lindos” o acotando “claro, claro” a todo cuanto me contaba.

[…]

Cuando nuestros invitados alaban una cena que nos tuvo todo el día metidos en la cocina, hacemos un gesto de desprecio afirmando que no nos ha costado nada prepararla. Lo mismo hacen las abuelitas que pasaron seis meses tejiendo un suéter y quedaron con las articulaciones destrozadas. Nos tiran una taza de café encima y aseguramos que la mancha sale fácilmente, mientras pensamos que nos acaban de arruinar la única camisa decente. Hasta los escritores parecen hacer lo mismo al insistir en que los personajes actuaron por su cuenta y “la novela se escribió sola”. Igual que esta nota. Cosa de nada.

La historia completa esta publicada en el blog de Leila.

Saludos

2 comentarios en “Nosotros los impostores – Leila Macor (aka @leilatxu)

  1. Y si Arjona no se hubiese animado, y si los Aluxes hubiesen creído que no valia la pena, y si Ronald Flores no lo hubiera intentando, y si Cortazar no lo hubiera escrito y Einstein creyera relativamente inutiles sus aportes… mano no calles, no dejes de hacer, no te detengas.
    Por favor.
    Este post debió ser: cuando conocí a Leila lo que mas me impresionó de ella…
    Por qué?, porque yo creo en tus posibilidades y eso me basta a mi.

    Me gusta

  2. Ah! pues que me hiciste recordar cuando estaba pensando si te enseñaba o no el post que escribí acerca de “Abriendo los ojos”… y resultó que de alguna manera desconocida lo encontraste sin que yo te dijera.

    Para mí que Leila debería por lo menos recibir el link hacia acá y que vea lo que se perdió por darte unfollow.

    Me gusta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s