El Joven y el Adulto – Viaje del Escritor III

— Buen día señor

— Buen día niño

El hombre, un adulto que parecía ya entrado en años y que tenía vista de sabio, pero al que se le percibía fuerte y firme, recibió con cordialidad al inquieto joven, que se mostraba excitado por el encuentro

— En realidad si se fija, ya no soy tan niño, ya estoy por cumplir los quince años

La convicción del joven hizo esbozar una sonrisa al adulto quien se dispuso a intercambiar una pequeña y amena charla

— Tienes razón joven, y ¿Qué te trae por acá?

— Me dijeron que por ser domingo quizá lo encontraría descansando en este lugar

— En realidad es un mito la idea de que yo me dedico a descansar los domingos o los fines de semana, yo puedo estar activo todo el tiempo, pero en efecto, vengo acá por momentos a despejarme un poco

— ¿Sabe? Desde que tengo memoria los adultos me han estado hablando de usted, pero siempre me confunden y creí que como en unos años tendré que relacionarme con usted, sería más fácil que fuera usted mismo quien me explicara algunas cosas

— Bueno, ahora tengo un poco de tiempo, pregunta

El adulto al no saber que esperar de las dudas del joven, se puso en posición de interesado en el tema

— Desde hace años vengo escuchando que tengo que prepararme y estudiar mucho para poder relacionarme con usted de buena manera, me dicen que tengo que hacer mi mejor esfuerzo y procurar ser sino el primero de clase, al menos estar entre los de hasta arriba. Me dicen que cuando sea grande con todo ese esfuerzo, podré llegar a ser alguien en la vida y lograré poseer los recursos necesarios para cuidar a mi familia y tenerla bien y mejor aún, que nunca les faltará nada. Les daré un buen techo, alimentación, abrigo y la oportunidad a mis hijos de que puedan prepararse para que ellos puedan hacer lo mismo con los suyos.

— Pues todo eso me parece muy bien. De mí se ha dicho que puedo dignificar al hombre y puedo ser una útil herramienta para alcanzar muchas y muy loables metas. Cuando seas grande acompañaré muchas horas de tu vida y eso te servirá para ganar respeto, quizá admiración y seguramente dinero, con el que podrás comprar lo necesario, y si me utilizas bien, gastar en lo que quieras, lujos y placeres podrán acompañarte. No veo tu confusión, según yo lo tienes muy claro.

— Es que esa no es la parte que me confunde, lo que no entiendo es que si usted es tan bueno y brinda tanto beneficio, ¿Por qué es que la gente se está quejando de usted todo el tiempo? Nadie quiere ir a trabajar, muchos dicen frases como “ya es lunes otra vez” o “que aburrido, ojala ya den las cinco de la tarde para poder largarme de aquí”, es como que nadie quisiera compartir tiempo con usted. A demás le echan la culpa de todo. Dicen que usted es el culpable de muchas enfermedades, sobre todo de una que le llaman estrés que todavía no muy entendí, y también he escuchado que por su culpa matrimonios se han arruinado y se han peleado algunos hijos con sus padres. Dicen que la gente se puede amarrar tanto a usted, que se olvidan de los demás placeres y que incluso a veces se le usa sin siquiera entender por qué lo hacen.

— Tienes razón. No soy bien visto por la mayoría de gente, yo puedo sentir el odio y el resentimiento que me tienen, como que yo fuera el culpable de sus desgracias. Me ven como un esclavista que abuso de su tiempo y de sus capacidades. La gente es ciega y no ve que yo estoy para ellos, que yo soy un sirviente, no alguien que quiere ser servido. También tienes que tener en cuenta que a las personas no les gusta ser culpables de nada aunque lo sean y por eso soy una excusa perfecta, el que no dediquen tiempo a sus seres queridos no es porque yo exista, es porque ellos no aprendieron a ver la grandeza que hay en cada aspecto de la vida. Yo soy un regalo para quien me usa y para los suyos. Me usan también de escape o de justificación. Dicen que yo los canso mucho y que por eso no pueden dedicarse a otras cosas, pero es mentira, ¿Cómo es que alguien a los veintidós años, cuando tiene muchísima energía puede estar cansado? Y muchas veces, desde esas tempranas edades empiezan las quejas. ¿Cómo crees que me siento cuando la gente dice una frase como “aquí, trabajando como pobre”, cuando pobre internamente es quien no cuenta conmigo y pobre económicamente solo podrán dejar de serlo contando conmigo? Entiendo perfectamente tu confusión, y es que lo que pasa es que la gente se olvida de todo lo bueno que enseñan de mi y a la hora de poner en práctica su conocimiento, les gana la haraganería y la pereza. Y desperdician fuerza que puede ser utilizada en productividad, en quejas y culpas. Muchos se olvidaron de la dignificación y se quedaron con la ridícula esperanza de que las cosas caigan del cielo o de que sus destinos cambien o mejoren sin hacer nada.

— ¿Es usted bueno?

— Lo soy, nunca por mi mismo he hecho daño a nadie, ¿Por qué lo preguntas?

— Mis padres han insistido en que también tengo que aprender sobre mi religión, donde aprendo que hay que ser buena persona, que tengo que ayudar a los demás y que cosas extrañas, llamadas milagros, pueden ocurrir. Pero la otra vez me enseñaron algo bien raro que tiene que ver con usted.

Con cara de intriga el adulto preguntó

— ¿Qué te enseñaron?

— Me dijeron que cuando el hombre fue malo, le introdujeron en su vida a usted, es decir, que usted es un castigo.

El adulto guardo silencio un momento, parecía que tragaba algo que tenía un sabor amargo mientras retiraba la mirada, quitándola de los ojos del joven y finalmente exclamó

— Así es como mucha gente lo ve, pero en realidad yo no soy un castigo, como te dije, siempre he sido un regalo. Lo malo es que no creo que pueda resolver todas tus dudas en una charla, tendrás que caminar conmigo por un tiempo para que me juzgues tú mismo y si eres de los afortunados, encontraras en mi un amigo y un apoyo, sino nuestra relación se deteriorará, pero difícilmente podremos separarnos. Por lo pronto, tengo que irme ya. Yo tomo muy pequeños descansos.

— Supongo que lo veré en unos años entonces, algún consejo final

— Seguro… prepárate, procura la excelencia y sigue consejos, pero recuerda que yo tengo más que ver con placer, con buena toma de decisiones, con creatividad, perseverancia y ganas. Y no te dejes envenenar por tanta cosa mala que se dice de mi, la mayoría son solo chismes y frustraciones de la gente.

— Adiós señor, le veré más adelante

— Adiós niñ… joven, estaré esperando por tu amistad

Y entonces el trabajo se alejó presuroso pero sin correr, de aquel extraño lugar.

 

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Para nuestro tercer ejercicio de escritura en Lectores Chapines escogimos el tema de el trabajo y lo anterior es mi contribución… para ver mas detalles del mismo y/o participar puedes leer este post.

Mas adelante se estará publicando el PDF con los escritos de todos los participantes.

Saludos

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