Logro

7 ago

Medallas Londres 2012Di la bienvenida a aquel día templado inundado de expectativa. Era la primera vez que asistía a una quermés, porque en los colegios donde estuve antes no existía dicha actividad. Quizá por la misma razón mi papá bajó del auto conmigo y entró al patio de la instalación. Hacia las gradas de entrada estaba un amigo, que entonces no lo era tanto, y nos dirigimos hacia ese lugar. Como lo manda el manual de buena conducta para con los amigos de los hijos, mi padre le preguntó su nombre y luego, saliéndose del mismo preguntó: ¿Quién de ustedes es mejor en la clase? La respuesta de mi amigo fue casi automática, dijo ser él sin pensarlo ni un instante. Yo, por el contrario, ahora doy cuenta que ya para segundo primaria estaba contaminado, me había subido al barco de las frases políticamente correctas, esas que esconden el verdadero pensar y sentir con palabras que perjudiquen lo menos posible a los demás; esas que son aprendidas y que han de ser correctas porque todo mundo las repite; esas que suenan válidas a fuerza de tanto escucharlas. Mi respuesta fue que ambos éramos buenos, aunque yo estaba convencido que, bajo las reglas de los colegios, le llevaba cierta ventaja.

El sábado, en una platica cualquiera, la otra persona me preguntó si me había enterado de la medalla de plata de Barrondo. Le comenté que no, y agregué que me alegraba por el triunfo que había alcanzado. De ese momento para acá el tema ha sido recurrente, y más que con las personas con las que he conversado, en medios de comunicación que han aprovechado la oportunidad de hablar de un tema que no se había podido, al menos desde la perspectiva del logro obtenido. Las frases correctas abundan; el mal enfocado nacionalismo aflora; el triunfalismo colectivo se hace presente. ¡Ganó Guate! Y ¡Es un triunfo de Guatemala! Se escucha y lee por todos lados.

Cuando pensaba en escribir ésta nota, escuché al presidente referirse a Barrondo como un héroe, afirmación políticamente correcta pero falaz. El heroísmo es un acto voluntario que se hace en servicio de alguien más. El atleta ganador de la medalla de plata, aunque en su discurso insistiera que fue por Guatemala, la obtuvo para él, fue un logro consecuencia de su esfuerzo y su dedicación. Quien estaba de pie recibiendo el galardón fue él y no nos representa a los guatemaltecos, porque la mayoría de nosotros ni siquiera marchamos.

Que es un orgullo nacional dicen otros. Quien debe experimentar orgullo debe ser él, pues alcanzó algo que, según dice, se había propuesto. En lo personal, no puedo sentirme orgulloso del éxito de alguien más, menos cuando no hice absolutamente nada para que lo alcanzara.

Lo interesante es que también hay comentarios y opiniones que se van al otro extremo. Uno de ellos que llamó mi atención fue que tildaron de “milagro” el triunfo. Sentí coraje al ver una opinión tan escueta. Darle un tinte de sobrenatural a lo que no es más que fruto de mucho trabajo y no solo trabajo, sino de trabajo bien hecho, es insultante. Tampoco se vale menospreciar su acción, experimento más satisfacción sabiendo que es un connacional quien obtiene algún triunfo, pero no porque lo considere una victoria mía, sino porque significa que se puede; porque elimina las excusas de que el país tiene la culpa de todo aquello en lo que se es bueno y se quiere pero que no se alcanza; porque deja de ser válido considerar que no existen las oportunidades y posibilidades para desarrollarse y destacar en el área que se escoja; porque deja la evidencia de que son, por mucho, las decisiones y el trabajo de cada uno lo que define las vidas.

Guatemala no cambia su realidad con una medalla de plata, como tampoco cambia con la dedicación y esfuerzo que cada uno ponga en lo que hacemos. La situación puede llegar a cambiar con los resultados que den esa dedicación y ese esfuerzo: la productividad y el aporte en trabajo e ideas de cada uno de nosotros. Aunque pudiese ser, si bien mucha esperanza no pondría en ello, que lo hecho por Barrondo cambie en algo las cosas, por ejemplo, podría haber más patrocinio hacia deportes no tan populares como lo es la marcha, lo que haría que hubiese gente mejor pagada, o quizá más gente con empleo y que se brindaran mejores espectáculos deportivos, a los que asistiría más gente, lo que a su vez pudiera generar más empleo. O, existe la posibilidad, de que alguien, dado que las olimpiadas es un evento que se transmite por todos lados, escuche algo de un país llamado Guatemala y decida hacer turismo por acá. Nunca se sabe, pero lo cierto es que al marchista eso no debería importarle, acaso debería importarle ser mejor de lo que es ahora, si es su deseo.

Años después nos volvimos a juntar con aquel amigo y se convirtió en uno de verdad, pero lamentablemente no todas las amistades superan todas las curvas de la vida, y hoy día sé poco de él. Lo que sí sé es que cambiamos papeles: él se hizo de la mal llamada virtud de la humildad, yo prefiero, y preferiré siempre, intentar ver las cosas en su justa medida y llamar a cada cosa por su nombre.

Saludos

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Una respuesta to “Logro”

  1. claudiapalaciosp 8 octubre 2012 at 15:12 #

    TOTALMENTE de acuerdo…. Buen post.

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