La Vaca, ¿dos?

IMG_20130506_081551En un pequeño pueblo que hacía poco tiempo comenzaba a experimentar un crecimiento y mejora económica para sus habitantes, vivía un viejo sabio cuyas palabras eran escuchadas por un joven discípulo sediento de sabiduría. Un buen día el sabio decidió que era momento que el joven aprendiera “los secretos para vivir una vida próspera y feliz”, y conocía a detalle aquella historia que un colega suyo había vivido hacía varios años, de la que se habían escrito libros, se daban seminarios y se creaban audiolibros, así que pensó que sería una buena opción replicarla.

No fue fácil encontrar la pequeña aldea en donde viviera una familia tan pobre como la de la historia original, pero después de mucho esfuerzo lo consiguió. Pidió a su discípulo que le acompañara en un viaje de un par de días y, tomando el bus que salía del pueblo a eso de las diez de la mañana, llegaron hasta la aldea al cabo de varias horas de camino.

La pobreza del lugar se dejaba sentir a través de todos los sentidos. Caminaron incesantes como si estuvieran perdidos, aunque el viejo sabía la dirección a la que tenían que llegar. Cuando la encontraron se acercaron a aquella casa, pequeña, casi destruida, sucia y deprimente. Llamaron a la puerta y el patriarca del lugar salió a atender. Como en la historia original, el sabio explicó que iban de paso por el pueblo inventando cualquier excusa que a nadie importó y que necesitaban un lugar para pasar la noche. Sin mucho pensarlo el dueño de la propiedad les invitó a quedarse. —Parece que, considerando las dos experiencias, a los pobres les es menester ofrecer su casa a cualquier desconocido que tenga necesidad de un lugar para la noche, quizá sea el sentirse libres de cualquier cosa que les pueda ser robada.

El viejo invitó al otro a observar cada detalle del lugar. Se percató que la familia estaba constituida por el padre de familia, su esposa y tres hijos: la mayor una mujercita de catorce años y dos menores de doce y nueve —por más esfuerzo que hizo el sabio, no había conseguido la familia de ocho—, y de lo poco con lo que contaban. De madrugada los dos se levantaron con cautela y se dirigieron al lugar donde estaba la vaca de la que eran dueños y que les había ganado la selección del sabio. Al tenerla de frente sacó la daga que llevaba preparada y procedió a matar al animal quien no tuvo chance de opinar al respecto. Es casi seguro que el anciano buscara en internet la mejor forma de matar a una vaca con una daga sin que ésta hiciera ruido y sin que representara un verdadero peligro para el verdugo.

El efecto en el joven fue el mismo que en el de la historia anterior. Quedó atónito por la maldad del sabio a quien luego de cuestionarle sus hechos, sin recibir respuesta, le dejó de hablar durante todo el camino de regreso. El maestro, que sabía cómo se desarrollarían los hechos y cómo todo habría de mejorar para aquella familia a partir de esa fecha, obligados por la necesidad, intentaba disimular una necia sonrisa que se resistía a desaparecer.

Era mandatorio, por lo hecho por el sabio de la primera historia, que un año después regresaran al lugar. A regañadientes el joven aceptó, sobre todo por la culpa que le carcomía su tranquilidad. Hicieron el viaje en bus, llegaron al lugar y se detuvieron frente a la misma casa. A pesar de la incredulidad en sus ojos, contrario a lo que el sabio esperaba, aquello estaba en peores condiciones.

Tocaron la puerta y salió aquel mismo hombre que había tenido la pequeña deferencia para con los necesitados. Falto de fuerza, apenas se movía y parecía que no viviría mucho tiempo. Les contó que se estaba haciendo cargo de su esposa quien estaba en cama incapaz de levantarse por la debilidad; que su hija mayor se había ido de casa y que le habían contado que sobrevivía vendiendo su cuerpo a quien estuviera dispuesto a darle a cambio un trozo de pan; su hijo, ahora de trece años se encargaba de mendigar y en ocasiones no lo veían por días hasta que regresaba con poco para ayudar a sus padres; el menor se había marchado y no tenían ninguna noticia de su paradero.

El sabio estaba estupefacto, el joven no lograba contener sus lágrimas.

—A la mañana siguiente —continuó el hombre cuando la tos le dejó hablar— que ustedes estuvieron acá, encontramos a nuestra vaca, que era el sustento de la familia, muerta por la mano de alguien que, sin que entendamos la razón, quiso hacernos daño. Desde entonces las cosas solo han ido peor.

El joven se puso de pie, sacó un poco de dinero que cargaba consigo y se lo dio a aquel hombre.

—¡Perdone! —fue todo lo que pudo decir antes de salir presuroso de aquel lugar, olvidándose del sabio.

Mientras caminaba aprisa alejándose de aquella desgracia iba meditando: “¿Por qué el sabio no les había explicado que no eran dueños solo de una posesión sino de dos, porque contaban con la vaca y con la tierra en donde estaban? ¿Por qué no les sugirió que consiguieran algunas semillas para sembrar hortalizas y legumbres y hacerse de una fuente de sustento o incluso de ingresos? ¿Por qué no les sugirió que obtuvieran tales semillas a cambio de un poco de leche? ¿Por qué no les explicó que la pobreza no tenía nada que ver con la suciedad en la que habían escogido vivir? ¿Por qué decidió jugar con la suerte en lugar de enseñarle a aquella familia un poco de lógica y a usar su razón para salir adelante?

Poco tiempo después no pudo con la culpa. Se presentó a una comisaría y luego de explicar lo que había pasado le condenaron a treinta horas de servicio comunitario. Al sabio lo buscaron y lo culparon por la muerte de la vaca. Le dieron cinco años de prisión y lo obligaron a cancelar el valor del animal. El tiempo había pasado y ya no hubo a quién realizarle el pago.

Saludos

Siempre siempre

45Era domingo y el clima estaba más frío que templado —lo tengo presente porque es el que más disfruto—. Veníamos de regreso de realizar algunas compras en el centro comercial que nos era tradicional. Algunas ocasiones, no muy frecuentes, mi padre entonaba alguna canción que solíamos cantar en grupo, o en pareja porque entre todos yo era el que siempre me apuntaba a hacerle “gundas”. Aquella tarde que empezaba a desaparecer se puso a cantar el mayor éxito, al menos en español, que tuvieron la pareja italiana de Albano y Romina.

Solo unas semanas antes mi padre había hecho el esfuerzo por comprarse un equipo de sonido, pero uno en serio o vaya, respetable. No recuerdo si era Philips o Panasonic y a ésta hora no me parece necesario hacerle una llamada para resolver mi duda, porque el equipo, a pesar de los años, aún está en su casa, luego de haber soportado mi etapa de adolescencia en donde me adueñé de él y era feliz mezclando casetes y jugando con el ecualizador, y la propia de mis hermanos. Mi padre decidió que quería añadir a su recién iniciada y pequeña colección, el 45 de aquella canción de la cual no sabía el nombre y desconocía cómo se llamaban los intérpretes, por lo que tuvo una brillante idea, aprovecharse de la “inocencia” de sus hijos. Parqueó el viejo Volkswagen cerca del local de venta de discos y decidió que lo mejor era que él y nuestra madre esperaran en el vehículo mientras mi hermano menor y yo íbamos a preguntar por la canción. Yo, tímido como era, repliqué que no tenía idea de cómo preguntar por algo que desconocía a lo que contestó: “Cuando te atiendan la cantás”.

No muy convencido pero obediente, como era costumbre, bajé del auto y dirigí a mi hermano a la tienda quien tampoco mostraba mucho entusiasmo y dado mi “privilegio” de primogénito entendí que sería yo quien habría de hacer de voz líder en el “ridículo” al que me aprestaba. Nos atendió una señorita que no muy me entendía o no me escuchaba, no lo sé, pero al final me puse a cantar aquello de: “Siempre siempre, siempre siempre tu ♪” y estoy seguro que hasta hice el movimiento que con entusiasmo realizaba Romina al cantar la parte de “Siempre siempre, insistentemente ♪ ”. La experiencia fue un fracaso, no entendieron de qué canción hablaba, y las miradas de el resto de vendedores y los que compraban en el lugar hicieron mella en mi orgullo.

Más adelante hay otra, fueron las palabras de mi padre cuando le conté mi triste y apesadumbrada experiencia. Fue hasta la tercera tienda en donde se dio por vencido, pero en aquel lugar fue diferente: entré, ubiqué al vendedor y con firmeza le dije: hay una canción que dice así… la canté, incluso le expliqué cómo hacían en el video —el ritmo con la cabeza y las vueltas de Romina que era lo único que se podía destacar—, pero igual no supo de lo que le hablaba, aunque algo intentó buscar.

Mi padre no lo sabe, pero recordar aquella tarde siempre me es una alegría. Me veo intentando convencer a los vendedores con voz y ademanes; me veo con nervios caminando hacia los locales, eran tantos que apenas recuerdo la intervención de mi hermano, si acaso la hubo; recuerdo con el gusto que mi padre cantaba esa canción y el ansia que le invadió por tenerla; recuerdo las tiendas llenas de LP’s y 45’s características de la época; recuerdo el  Volkswagen y lo mucho que cantamos y jugamos dentro de él; y más, recuerdo mi cambio de actitud de la primera a la tercera tienda. Sin intención, mi padre logró crear y dejar un recuerdo muy especial que estoy seguro que permanecerá conmigo mientras sea dueño de mi conciencia.

Ese buscar constante de momentos especiales, alegres, divertidos, retadores, triunfales, ese esfuerzo por lograr que parte del tiempo de nuestra existencia se quede con uno para siempre, ese afán por lograr lo mejor de cada período de la existencia… todo ello está bien, y más que bien, es loable. No obstante el empeño y la disposición no están en cada segundo que transcurre. Es imposible sacar el máximo a cada respiro que damos y quien tenga esa meta en la vida, encontrará que a la par suya, infatigable, le acompañará la frustración.

En la canción “Outside” de “Cults” —qué me gusta mucho a pesar de lo extraño del video— hay una línea que dice: “I think it’s good to go out, cause if you don’t you’ll never make a memory that will stay”, que traducido debería de decir algo como: “Levantáte de ahí, hay un mundo afuera del que vale la pena ser parte, movete, disfrutálo y acumulá recuerdos valiosos”. Aunque la traducción en realidad iría más o menos como: “Creo que es bueno salir, porque si no nunca crearás un recuerdo de los que permanecerán”.

No se puede saber la fecha y la hora en que se vivirá un momento inolvidable, hay unos que se buscan y otros que solo están ahí, insospechados. Pero sí se puede entender que solo viviendo (haciendo), en lugar de dedicarse a ver cómo avanza el reloj, aumentan las posibilidades de que se den.

Hace unos días mi padre me preguntó si aún recordaba la canción y si todavía me gustaba. No pude evitar una enorme sonrisa en mi rostro.

Saludos

Vida de novela

Éramos cuatro amigos compartiendo unaStorm charla informal cualquiera, una de aquellas personas contaba alguna anécdota más de su complicada y estresada vida, y para beneplácito de los presentes lo hacía con precisas dosis de buen humor. Juntos reíamos y sacábamos chiste a todo. Entonces interrumpió su relato y me dijo: "Vos deberías de escribir un libro sobre mi vida".

Ya perdí la cuenta de las personas que me han hecho un comentario similar.

Veía un video de Lisa Cron, quien se dedica a la revisión de textos para la publicación de obras, en donde define el concepto de lo que hace una buena historia, al menos tan buena como para ser contada en un libro. Palabras más, palabras menos dice que una historia es el qué y el cómo, lo que pasa, afecta a alguien quien está en pos de alcanzar una meta complicada y cómo ésta persona cambia como resultado, tanto de la circunstancia como de sus decisiones. Añade también que es el contar qué tiene que confrontar y a qué debe sobreponerse el protagonista para enfrentar la situación o el problema que le aqueja.

No importa cuán complicada o sencilla sea la vida de cualquiera. En cada respiro existe la oportunidad de sentir, experimentar, hacer, imaginar o soñar. Cada minuto de existencia palpita la posibilidad de que se presente una circunstancia inesperada. Nuevos retos, nuevos obstáculos y nuevos caminos suelen divisarse constantemente en el horizonte cercano. Y todo esto son algunos de los ingredientes que forman una historia.

A todos es común momentos de alegría y de regocijo, la experiencia de la victoria y la realización, la euforia de la satisfacción, de la lucha y de la entrega y la tranquilidad de la certeza, como el ansia del porvenir. También a todos es común los obscuros momentos de tristeza, la fatídica carga de la pesadez, de la derrota o del fallo, así como a todos llega el momento de experimentar decepción, cansancio, pérdida, algún tipo de abuso o de injusticia y un constante sentimiento de incertidumbre. Solo pasa que para cada vida, cada aspecto tiene distintas tonalidades e intensidades. Cada vida es una combinación única de colores.

De tal cuenta muchos llegan a pensar que la propia es una historia que puede ser contada en un libro, pero los puntos mencionados por Lisa Cron son importantes. No es suficiente con ser el protagonista de la historia, hay que ser el héroe de ella. Hay que tomar las riendas de la existencia e ir en busca de lo que se quiere alcanzar, que, espero, no sea una o dos metas sino muchas. La tragedia que rodea una vida no es argumento suficiente, es la forma de enfrentarla, sobreponerse a pesar de todo y el cambio que se genera en ella. Las peculiaridades, circunstancias curiosas o únicas tampoco son lo determinante, es la actitud frente a ellas, lo que se aprende, lo que se concluye y a donde se llega, lo que hace a una existencia destacable.

No hay mérito en dejarse llevar por la corriente, por muy agitada e inclemente que sea la tempestad.

Bromeando le dije a ésta persona que quizá sí, que su vida podía formar parte de una novela, pero que con lo que conocía de ella a lo mejor tendría oportunidad como telenovela mexicana y de las muy malas, pero lo cierto es que todas las vidas tiene la oportunidad de llegar a ser una gran historia, pero solo unos pocos protagonistas lo buscan y lo logran.

Saludos

No hubo quinto malo

cincoSerá interesante conocer, más tarde, el desarrollo de las acciones cuando Rodríguez intente tomar posesión en el IGSS de un cargo entregado por el señor presidente, mismo que la junta directiva aseguró que no reconocería. ¡Vaya juego de poderes y de intereses que se manejan en esas cumbres!

Seguro que hoy continuará el show, visto así por muchos nacionales e internacionales, del juicio contra militares pero, curiosamente, no contra guerrilleros quienes en los enfrentamientos de guerra seguramente solo pusieron el pecho descubierto y no asesinaron, masacraron ni torturaron a nadie.

La creciente tensión de guerra entre Corea del Norte y USA es otra de las notas del día que resalta, sobre todo luego del movimiento de F-22 por parte de éste último y del llamado a realizar un “duro contraataque” por parte de la presidenta surcoreana. Y si bien de nuevo no tienen nada las amenazas lanzadas, sería una pena que como raza no hayamos aprendido que las consecuencias de cualquier guerra siempre son nefastas y también sería una pena que Corea del Norte lograra acuerdos que le beneficiaran. Utilizar la amenaza de guerra como chantaje no debe ser premiado.

Hay gente llegando tarde y cansada a sus trabajos y a distintos destinos porque parece que la amenaza de paralizar el transporte público se cumplió en algunos sectores. Subsidios y arreglos… ese es el precio.

Hoy juega el F.C. Barcelona, y a eso del mediodía se espera que el tráfico baje y mucha gente se divierta entre nervios y gritos. Es un partido de cuartos de la Champions y tiene el añadido de ver a Slatan enfrentando a su exequipo del cual habló mal en ocasiones anteriores, contrario a ahora que fue más prudente al declarar.

También el día de hoy da inicio la corta campaña presidencial en Venezuela que enfrenta a Maduro quien no se ha cansado de decir disparates –lección bien aprendida a “su comandante–, desde que inconstitucionalmente tomó la presidencia de aquel país y a Capriles quien, a riesgo de juzgar sin conocer, pareciera más mesurado y capacitado para gobernar o al menos para emitir discursos.

Y, para cerrar la nota, contarles que éste blog está cumpliendo hoy cinco años de existencia.

El mundo… éste extraño lugar en donde tanto de bueno y tanto de malo ocurre a diario. En donde pareciera que hay quienes se empeñan en complicar todo y pese a eso hay quienes salen adelante y logran el objetivo más grande de ésta existencia: ser felices y valorar y aprovechar los pocos años que tenemos para estar acá.

Luego de veinticinco artículos publicados durante el último año puedo decir con satisfacción y a criterio personal que no hubo quinto malo. Fue un buen año para éste sitio y un servidor.

Me resta agradecer a quienes me regalan unos minutos de su tiempo leyendo éstas líneas, a quienes comentan y critican, a quienes aportan, y sobre todo a aquellos que suelen regresar a éste lugar.

Saludos

Semana de ocio

fogata_blogHabían tardes, sobre todo cuando eran frías –mis preferidas–, que nos sentábamos en las banquetas y las pestañas de las pequeñas paredes de alguna casa vecina, con el único propósito de hablar de cualquier cosa: chismes, travesuras, regaños, datos curiosos escuchados de los maestros o de familiares adultos, incluso discusiones sobre las creencias de cada uno. No importaba… siempre hubo tema que nos entretuviese y divirtiese.

Algunas veces la señora de la antepenúltima casa del fondo –una que quedaba muy grande para alguien que vivía sola– pasaba enfrente e invariablemente se refería a nosotros con mal gesto y la frase: “¡Ya andan de ociosos!”, a lo que nunca contestábamos, algunos porque la señora no era de nuestro agrado, otros porque sentían temor de aquella que hizo víctima de sus corajes a varias de nuestras pelotas y otros porque simplemente no sabían qué contestar ante la acusación.

El día de hoy leí la columna publicada por Franco Martínez Mont en Prensa Libre y vi con agrado su llamado a no confundir el ocio con la holgazanería, qué mucho ha de tener que ver con el equivocado dicho que dice: “El ocio es la madre de todos los vicios”, una visión condenatoria de todo aquello que persiga descanso y diversión, con tintes doctrinales de culpa, sufrimiento y castigo como virtudes.

Por el contrario el ocio es un distintivo de nuestra especie, una muestra de nuestro avance, un pequeño símbolo de madurez como individuos, incluso un aspecto importante de la libertad. Tenemos la posibilidad y la capacidad de alejarnos, por espacios de tiempo, del trabajo y las tareas necesarias para la supervivencia. Podemos elegir la forma en que hemos de ocupar ese “tiempo libre” con el que contamos, por mucho o poco que sea.

El columnista hace un par de cuestionamientos fuera de lugar, como el preguntar por el rol del Estado en el ocio, siendo un tema que a éste no le compete en absoluto, aunque entiendo que su punto sea el apoyo y promoción de actividades culturales, faltaba nomás que fuera el Estado quien decida qué queremos consumir en nuestro tiempo libre, como tampoco tendría que decidir invertir los impuestos que se le dan para otros fines en lo que el gobierno decide que es lo “correcto”… el papel del Estado debería de ser uno: no meterse. También habla de desprivatizar la enajenación que producen las redes sociales en la conciencia colectiva. De entrada no existe tal cosa como conciencia colectica, tu, que lees esto, estoy seguro, tienes la capacidad de pensar por ti mismo, por mucho que estés expuesto a las redes sociales –que a pesar de los beneficios parece que está de moda satanizarlas–, que lo hagas o no es decisión tuya. El que muchos estén de acuerdo o el que estés de acuerdo con la mayoría no te hace parte de un colectivo, es sencillamente una elección personal.

Cuenta también Martínez Mont el resultado de la Primera Encuesta Nacional de Juventud en Guatemala de 2011, mencionando las horas que los jóvenes dedican a distinto tipo de actividades como el trabajo, actividades domésticas, estudio, etcétera. De nuevo, eso no significa mucho. No hay nadie que pueda determinar el tiempo de ocio que necesitas. Sostengo que no hay necesidad de llenar una cuota, pero que en cambio debe de aprovechársele: si se busca diversión, divertirse mucho; si se va a descansar, disfrutarlo; y si se piensa invertir tiempo en la formación personal, meterse de cabeza, no solo para aprender, sino para disfrutar el logro de metas.

El ocio no es un desperdicio de tiempo. Aunque la definición es amplia lo reduzco a los tres temas mencionados en el párrafo anterior: diversión, descanso y formación. Todo ello es aprovechable y todo eso es productivo o colaborará con la productividad posterior.

En Grecia se entendía por ocio al tiempo dedicado, principalmente por filósofos, en reflexionar sobre la vida, las ciencias y la política. Con un toque de humor, temas muy diversos y mucha diversión, quizá era eso lo que hacíamos con los amigos en aquellas tardes. La señora tenía razón, posiblemente solo fue que no la entendimos.

Saludos

PS. Para la mayoría, ¡Qué disfruten su semana de ocio!

Sobrenatural

sobrenaturalJorge Jadesh, que no es más que el nombre del personaje de ésta historia, comenzó su vida conociendo de carencias. Su padre murió en un accidente de auto cuando él tenía solo dos años de vida y su madre, quien había dejado todo por seguir a su amado, se vio en la necesidad de sobrevivir a fuerza de trabajitos que lograba conseguir, dada su falta de experiencia y de ambición.

Pasaron los años y Jorge no pudo concluir sus estudios pues, mamado el ejemplo, tomó aquella costumbre de no durar en los trabajos e irla pasando “a como saliera”.

Se enamoró. Conoció a una joven cuya mirada, porque no era de muy buen ver, le cautivaba. Ella, formada en principios religiosos, no daba importancia a la situación económica del joven que luchó por conquistar su amor hasta convencerla de casarse, pese a que en lo espiritual diferían en costumbres, no así en ciertas creencias generales.

Llegaron los hijos, tres en total y a Jorge se le complicaba cada vez más sacarlos adelante. El dinero no abundaba. Elocuente para hablar, transmitía confianza, lo que hacía que pudiera conseguir trabajos, pero su carácter y su desdén por la responsabilidad atentaban contra su estabilidad laboral. Vivían de un lado a otro, prestos a cambiar de habitación cuando no se podía pagar más el alquiler. Le debía a muchas personas y así iba perdiendo contactos y amistades, lo que le hacía perder favores.

Un día, destrozado por lo que consideraba mala fortuna, hizo eco al suplicar de su madre y al insistir de su esposa. Acudió a la iglesia en donde se predicaba que estaba en el lugar preciso aquel que llegaba necesitado. Jorge entendió que le hablaban a él y empezó a asistir con regularidad a los servicios y conoció y se relacionó con los amigos de su esposa. Uno de aquellos resultó ser un empresario de éxito y no dudó en tender una mano de hermandad: le dio empleo, uno sencillo, con promesa de crecimiento según los resultados. Jorge cambió su actitud y se hizo responsable, el dinero seguía escaso pero al menos entraba constantemente.

Unos meses después, convencido de que su vida había cambiado desde que buscó lo espiritual, Jorge se inscribió en un curso que la iglesia impartía para aquellos que sentían el llamado a ser pastores. Su madre que le conocía había insistido desde siempre que él llegaría a ser uno, apoyada en el amor de madre, el anhelo de ver que su hijo fuera de utilidad para dios y aquella elocuencia y forma tan amena de hablar que caracterizaba a su retoño. Incluso el apellido le ayudaba, siempre es mejor tener uno poco común para pastorear.

No eran muchos en aquella reunión. Inició la presentación: Jorge se puso de pie y dijo su nombre. Quien estaba al frente se le quedó viendo firme a los ojos y le cuestionó en tono fraternal: “¿Por qué tardaste tanto?”. Las lágrimas surgieron. Jorge vio la confirmación de su llamado, quien estaba al frente vio como dios le usaba para hablarle a una oveja.

La historia de Jorge Jadesh no ha de ser muy distinta de muchas otras. Carencia y falta de responsabilidad abundan en los recuerdos de muchos, por más que se pretenda justificar con que se hizo o se aprendió de esa manera por el desapego hacia lo material.

A religiones y lugares de ayuda espiritual casi es seguro que llegarán personas con harta necesidad, de otra forma es difícil que se acerquen, así que no existe mejor predica que aquella que habla de ayudar y dar refugio al necesitado; que aquella que pregone que los problemas pueden descansarse en un ser superior de poderes ilimitados; que aquella que quite el peso de la responsabilidad de decidir, después de todo, todo forma parte de un plan divino.

La vida laboral de Jorge se vio beneficiada: primero porque conoció más personas y en la vida siempre es mejor contar con más manos amigas que puedan dar una ayuda; segundo porque, al saberse controlado desde los cielos todo el tiempo y al creer que su testimonio era parte importante de su vivir, para el momento en que le tocara dar cuentas de su vida frente al creador, decidió, sin más, trabajar bien; y tercero, también se benefició porque el sentirse respaldado por un ente espiritual le dio la confianza en sí mismo que necesitaba. Jorge no logró comprender que la responsabilidad y la confianza manan de uno mismo. Que, por lo regular, al esfuerzo y al buen trabajo, lo acompañan beneficios tanto personales como financieros.

El “llamado” suele ocurrir casi a todos como consecuencia de un intento de devolver un favor y/o crecer en estatus dentro del organigrama espiritual. Pero hay un punto a destacar en cuanto a la experiencia que vivió Jorge el primer día que le enseñarían a pastorear:

Es muy difícil que una persona decida que quiere ser pastor de la noche a la mañana, lo más seguro es que pasen meses y años antes de dar el paso. Aquel que está al frente de la clase ha escuchado la misma frase antes y la suelta: “¿Por qué tardaste tanto?”. Jorge ve en aquella pregunta algo sobrenatural, una confirmación de que aquel es su lugar dicha por dios mismo. “Cómo es posible que sepa de mi vida” se pregunta. Él sabe que no le ha contado nada y su primera y única explicación es que dios ha hablado a través de ésta persona. Curiosamente la persona que está al frente, que no ha intentado timarlo, cuando escucha la historia de Jorge experimenta la confirmación de que dios ha hablado a través de él, porque no sabía nada de la historia de Jorge, ni entiende la obviedad del asunto.

Así muchos y muchos deciden esforzarse lo menos en analizar las situaciones y ven consecuencias naturales a acciones normales como actos de intervención divina y ven en afirmaciones que parecen hechas al azar pero que tienen un altísimo grado de probabilidad de ser ciertas confirmaciones sobrenaturales.

Al ser humano le encanta creer en cosas que no conoce y de las cuales no hay evidencia, con la tendencia a forzar la misma en cosas muy pequeñas o que tienen fáciles y/o obvias explicaciones. Y… si falla, siempre será un problema de falta de fe.

Saludos

El barrio de la niñez

playingLa charla entre los tres fue amena, aunque dos de nosotros nos dedicábamos más a escuchar y solo emitir una que otra opinión o comentario corto. Él en cambio llevaba la batuta de los temas y su desarrollo. Con fluidez en sus palabras y gracia para contar –cosa nada fácil para muchos de nosotros–, nos hablaba de lugares, de personas, de historia. No cabe duda que es una persona que conoce mucho.

Saltando entre temas resultamos hablando de los años de niñez, principalmente de aquellos de los que van quedando pocos y muy puntuales recuerdos: aquellos que de alguna manera marcan la vida aunque ya no recordemos por completo el ambiente en que se desarrollaron o las circunstancias por las que se dieron.

“Me crié en un barrio de gente negra, solo yo era blanco” nos contó, y concluyó: “por eso no tengo problemas de racismo”, añadiendo luego uno que otro detalle de aquel tiempo de juegos y risas al que definió como muy bueno.

Al evocar mis años de niñez me es difícil no hacerlo con una sonrisa en el rostro. Las pocas cosas que recuerdo –que en ocasiones se me dificulta encajar en su justo momento– tienen que ver siempre con lo bueno del momento, incluso si van de una caída, algún regaño o corrección de parte de mi padre o algún susto, y casi nunca con los aspectos negativos de ellos, por más que sea consciente de que los tuvieron.

Nuestra vida, desde que inicia, está colmada de accidentes –o probabilidades para ser más justo con la definición– que, como tales, escapan de control y suelen determinar mucho de lo que se es, de lo que se cree y del comportamiento.

No sé en qué momento mis padres –para citar un ejemplo bastante generalizado a la mayoría– se abrazaron a la religión. Para mí, por ellos, estuvo presente desde siempre. Nací dentro de ella y es obvio: si los padres son –aunque cada caso es particular y excepciones las hay– los seres de los que se depende y en los que se cree a ojos cerrados y éstos insisten en que algo es cierto, es muy difícil llevar la contraria. Mi accidente, pues, de nacer en Guatemala y con los padres que tuve, determinó que yo fuese cristiano por muchos años y que creyera en todo cuanto esto implica, conforme me fueron adoctrinando. Está claro que de haber nacido en otro país u otra región en donde la religión predominante fuera otra, con otras creencias y en donde otros dioses fueran la norma, hubiese estado convencido de que tal era la verdad y que los de acá y éstas convicciones estarían equivocados.

Nací ateo como nacemos todos. Nuestra falta de conciencia no permite que seamos bebes o niños apartados para una creencia en particular. Ambas, conciencia y creencias,  se adoptan después y luego suele existir un proceso de enraizamiento que ciega a otras posibilidades. Los padres, convencidos de que su credo es el correcto y, sobre todo, convencidos de las terribles consecuencias que implica el no acatar las órdenes que reciben de parte de su dios y de los hombres que dicen representarlo, quieren para sus hijos lo mejor, y lo mejor, según ellos, es guiarlos desde que son pequeños, para que de grande no se aparten “del bien”.

Tanto llega a ser parte de cada persona que todo se ve normal, simplemente las cosas son así porque así son; que así lo quiso dios pareciera un argumento irrefutable e incuestionable;  se ve tan normal que no existen los absurdos ni las contradicciones y se cree que es la mente la limitada para comprender; no se puede aceptar la falta de respuestas, así que es necesario inventarlas. Parece tan normal que incluso se está dispuesto a llevar la contraria a lo mismo que se predica, que es aquello de amar –¡o vamos… con tolerar sería suficiente!– a quienes piensan distinto. Creer que todo es parte de un plan, elimina lo circunstancial y al hacerlo se evita que la misma pueda ser cuestionada. Todo, absolutamente todo, queda justificado.

No necesito la circunstancia de mi niñez para poder llegar a una conclusión al respecto de mis creencias. De hecho aislarse de las circunstancias es la forma como debería de razonarse y llegar a concluir. Los accidentes son solo eso, accidentes, y tales no determinan la realidad de las cosas.

Estoy seguro de que el hecho de que él no sea racista no obedece a que se criara rodeado de gente de piel obscura, porque algo le conozco y sé que entiende lo que es el valor de las personas; él no necesita justificar el no serlo con el accidente de haber crecido en ese barrio, su razón y su lógica le bastan para llegar a la misma conclusión. Y como él, todos podemos llegar a la conclusión de que seres humanos somos todos, que todos somos diferentes pero que nuestro valor –que no es el mismo para todos, porque no todos valemos igual– no está en función del color de la piel, sin necesidad de una experiencia parecida. Solo es cuestión de querer hacerlo, querer pensar, cuestionar, entender, analizar, y atreverse a concluir por uno mismo.

Justificar con circunstancias nuestra filosofía de vida, a parte de quitar mérito a nuestro razonamiento, limita nuestras acciones y nuestra vida misma.

Saludos